sábado, 31 de diciembre de 2016

Crónica fin de año (2016)

Nunca será tarde para buscar un mundo mejor y más nuevo si en el empeño ponemos coraje y esperanza.

Alfred Tennyson

Otro año más “a la saca”, y ya son muchos de incansable pedalear. Parece que fue ayer pero ya vamos camino de los 25, en fin… los años pasan deprisa pero nosotros todavía estamos ahí, rodando sábado tras sábado, cosa la cual tiene su mérito ¿no?;  ahora bien, ya podemos asegurar que el grupo ha quedado definitivamente mermado por diversas circunstancias. Por una parte, la ausencia de Kike, el cual por motivos laborales (entre otros…), no puede rodar los sábados como ha venido siendo costumbre durante muchos años, y por añadidura, la ya definitiva ausencia  “perpétua”  de Carlos, el benjamín del grupo (por edad que no por tamaño, claro)  al que hicimos durante todos estos años, además de un buen biker, un hombre hecho y derecho, pero que hoy, ya con 25 tacos en las espaldas y nuevas emociones a la vista, (coche nuevo, trabajo, etc.,) nos ha dicho adiós al grupo y a cualquier cosa que empiece por “s” de sufrir. 

Han sido 10 años de continuado rodar en grupo sábado tras sábado en compañía de sus tíos Kike y Luis y junto a su padre, que orgulloso, ciclo a su rueda disfrutando de su compañía y de las incontables vivencias compartidas que siempre estarán ahí, en mi recuerdo, contemplando año tras año su imparable evolución tanto en valores como en potencia física, potencia que en alguna ocasión nos llevó a sonreír (por no decir a morir…) cuando el chaval nos hacía algún relevo, ¿os acordáis, chicos?

Pues sí, este año y como de costumbre, Enero nos llevo a visitar a los Reyes Magos en lo alto de la Ermita del Castillo en Chiva, lugar que nos recibió también como de costumbre en estas fechas, con un cielo gris, muchas nubes y un viento si no frío, algo molesto, hasta el punto que nos hizo apresurarnos en tomar la foto de rigor y dejarles la carta plagada de buenos deseos a SS. MM.  

Febrerico el corto” que este año fue un poco más largo al tocar año bisiesto, nos vio rodar por los lugares de costumbre y con un tiempo más primaveral que invernal, ya que el frío a esas alturas parecía no querer manifestarse y los almendros ya empezaban a mostrarse plagados de flores cual primavera incipiente, eso si, llevamos más de 100 días sin que caiga una gota y la montaña empieza a resentirse. El mes se despidió con un día de perros en su último fin de semana, un viento frío con fuertes rachas de más de 50 km/h, nos hicieron maldecir nuestro atrevimiento de haberle plantado cara a la meteorología, este sábado fue uno de los peores en los que recordamos haber rodado, y mira que llevamos centenares…

El mes de Marzo nos recibió más calmado y aunque el viento siguió haciendo acto de presencia, la luz, los aromas y la temperatura apuntaban a principios de mes, a una incipiente primavera que no tardó en llegar en todo su esplendor.

Abril resultó tranquilo y benévolo meteorológicamente hablando, y al igual que el mes anterior, nos ofreció sábados de deleite rodando por nuestros lugares habituales, eso sin contar que fue mes de profundas y definitivas charlas en lo relativo a otra de nuestras aficiones, la fotografía, que culminó con el estreno de dos flamantes “Nikonlotas” D7200, todo un lujo.

Mayo ha sido el mes que este año nos ha tocado el deseado “finde biker”.  Ruidera  (http://rodaipedal.blogspot.com.es/2016/05/normal-0-21-false-false-false-es-x-none.html) . Sus lagunas nos abrieron las puertas y nos mostraron todo su esplendor, bueno, casi todo, pues no habían cascadas debido a la poca lluvia que venimos acumulando estos últimos años, pero aún así, nos ofreció una ruta muy plácida (casi diríamos que demasiado…), eso si, plagada de buenas anécdotas, buena mesa y sobre todo,  buen rollo que junto con nuestras chicas, siempre nos acompaña. Lo vivido este fide nos hizo disfrutar plenamente de la estancia y con ello, poder celebrar como la ocasión merecía, nuestro décimo finde biker consecutivo, ahí es nada. (¡ y vamos a por la docena, con un par! ).

Con Junio el calor nos perdonó casi hasta el final, pues los sacos de nubes que solemos derramar al viento antes del alba cada sábado, fueron de buena calidad y nos ayudaron hasta el día del solsticio, el cual dio paso al habitual “caloret” que ya no nos abandonaría hasta bien pasado el otoño.

Julio y sus cinco sábados nos marcaron bien el mallot y la camiseta en nuestra ya castigada piel de biker, aunque esas paradas de avituallamiento que tenemos costumbre de realizar en los enclaves elegidos a tal fin, con el bocata, la cervecita fresca, el cafelito y para rematar, el vaquerito de “ayahuaska”, todo ello aderezado con la buena charla habitual, nos hizo pasar el primer mes de verano con cierta comodidad,  y decimos “cierta” porque el astro rey apretó de lo lindo, y además, tuvimos algunas “visitas inesperadas” tres sábados seguiditos  en nuestro remanso de paz que darían para una crónica larga, pero en fin, lo que pasa en la ruta… se queda en la ruta.

Agosto como casi siempre, es el mes en el que al menos una semana toca descanso, aunque por contra, hemos salido en más ocasiones al tener tres más de vacaciones.  Kike, por su horario particular de trabajo, a su bola (como siempre) y haciendo kilómetros como solo  a él le gusta “a la fresca”,  es decir, a eso de las 5 de la tarde, y Luis y Salva miércoles y sábado como mandan los cánones del reglamento de los bikers de bien.

Por lo demás, calor, calor y más calor sin tregua, poco más que añadir.

Septiembre comenzó tal  y como acabó agosto, es decir, con el Sol rabioso en lo alto dando caña y nosotros a nuestro estilo con nuestra ruta de siempre. Únicamente una semana, rodamos sin polvo en el camino por un aguacero que cayó la noche del viernes y que nos dejó el camino en inmejorables condiciones para rodar a gusto, el resto, más de lo mismo, es decir,  sol, calor y caminos polvorientos.

Octubre lo iniciamos con sorpresa, ya que la primera semana de otoño rodamos en compañía.
El primer sábado del mes, Kike se dejo caer y fuimos de nuevo multitud…, o sea, tres. El resto de mes, algo más fresquito a primera hora pero todavía apretando el calor a la vuelta y sin visos de ponernos ni una manguita, cuestión que se hizo de rogar hasta la última semana que al filo de los 14º, aconsejaba llevarla a primera hora.

Noviembre empezó con una leve bajada de las temperaturas que ya nos obligo a ponernos la térmica, aunque continuamos de corto durante las primeras dos semanas.  La tercera nos dio el leñazo definitivo de los 8 grados y de golpe, la vestimenta de riguroso invierno.  El “fresquito” mañanero nos permitió observar un bonito  parhelio solar  que tras disiparse este, nos dejó un halo de idéntica factura.  Aún así, el frio todavía no apretaba y las mañanas fueron espléndidas para rodar. Finalmente y también de golpe, vino la lluvia y cayó la del pulpo a final de mes, aunque nos libramos por los pelos, por lo que aunque con barro, rodamos como de costumbre.

Diciembre fue lo que se esperaba, fresquito mañanero “in crescendo”, nubes y más lluvia, aunque la suerte siguió con nosotros como de costumbre y los sábados nos dejó pedalear salvo un fin de semana que volvió a caer una buena, y aunque con charqueras y muchas nubes, el resto de mes nos permitió marcarnos las rutas previstas y celebrar que el año, a fecha en la que escribimos este resumen, ya está finiquitado; otro más, y este ha resultado ser un tanto especial, no por haber rodado 52 de las 54 semanas posibles, si no porque las dos últimas rutas han sido un tanto especiales por ser la penúltima,  la mañana de Nochebuena y la última, la mañana de Nochevieja, lo cual ha sido la causa de la celebración final, con extra de vaqueritos (por el frio, claro…)  y birritas en la base al son de la música navideña como mandan los cánones. 

Bueno, pues como siempre, así quedó el año en formato fotográfico.


¡¡ Feliz 2017 !!

Roda i Pedal ©  

sábado, 28 de mayo de 2016

Ciudad Real ( Ruidera)


Lagunas de Ruidera

Lo que más me sorprende del hombre occidental es que pierde la salud para ganar dinero, después pierde el dinero para recuperar la salud.

Y por pensar ansiosamente en el futuro no disfruta el presente, por lo que no viven ni el presente ni el futuro. Y viven como si no tuviesen que morir nunca… y mueren como si nunca hubieran vivido. 
Dalai Lama

Pues ya tenemos  “la décima”.

No, no es que vayamos a rueda “como tanto nos gusta a alguno de nosotros”, nosotros vamos en plan campeónnnnggg con 10 finde bikers consecutivos en los 10 últimos años, ahí es nada.

Esta vez encaminamos nuestros pasos hacia la provincia de Ciudad Real, lugar donde establecimos nuestra base e inicio y final de ruta, aunque esta transitaría en su inmensa mayoría por tierras de Albacete.

Nos ponemos en marcha el viernes tras cargar el furgoneto y acomodarnos para el largo viaje hasta Ruidera. Viaje movidito por el viento persistente y con algunas rachas fuertes que cimbren la furgoneta y pone notas de preocupación y cansancio extra en quien conduce, aunque nada como para hacernos parar a tomar una cerv… digo tila. Llegada al hotel, desembarco, acomodo y entonces si es hora de esa ti… digo cerveza con la que tanto soñábamos desde hacía unas horas, caldeando así el ambiente para la cena y posterior remate del día en el balcón, cacharrito en mano, ultimando detalles para mañana y disfrutando entre risas de la tranquila, placida y oscura noche manchega.
La ruta  (sábado)

Amanece despejado y con poco viento. El sol pega pero el vientecillo no deja que se asiente del todo su calor. Último mantenimiento a las burras y cruzamos el pueblo hacia las lagunas. 
Seguimos por la carretera que las bordea por el este en dirección sur, al otro lado el camino por el que volveremos pero que no es carretera sino camino de tierra. El pequeño mar interior nos saluda con su “azulidad” un tanto desdibujada por la presencia de algunas nubes bajas que enmarañan el cielo. La carretera tranquila a esta hora de la mañana nos permite un rodar tranquilo y sin sobresaltos por lo que aprovechamos para meter un ritmo maratoniano que para nada ayuda a disfrutar del paisaje. Pronto comprendemos que esa no es la idea de la ruta. Una ruta sin exigencias físicas, sin kilometraje y sin rampas duras que vayan a poner a prueba nada, sólo se trata de disfrutar del entorno del parque natural, de disfrutar de su paisaje y todo lo que nos ofrezca.  

Volvemos a bajar el ritmo y hacemos alguna parada fotográfica en un bosquecillo entre las Lagunas Batanas y Santo Morcillo para dejar constancia: Yo estuve allí. El paseo continúa bordeando las lagunas y con algunas fotos para el recuerdo, muchas menos que de costumbre pues nuestro reportero gráfico no acaba de despertar el dedo del gatillo, (no haremos un juego de palabras de esto). 
Al final de la Laguna Salvadora nos recreamos con la grandiosidad y solemnidad de un inmenso árbol que suponemos una noguera por el nombre del restaurante que hay allí mismo, pero no se ven signos de frutos ni en el árbol ni en el suelo alrededor, duda. Pasamos a la siguiente laguna La Lengua y tampoco hay rastro de los espectaculares saltos de agua que convierten este lugar magnífico en algo suntuoso. 
Una pequeña decepción se asienta en nuestra ilusión. Ya intuimos que no vamos a ver ningún salto de agua.
El panorama empeora en la siguiente laguna. La Redondilla. Casi un charco en medio del inmenso cráter que deja su vacio. El suelo reseco casi parece un mar de sal y dota al lugar de un cierto encanto nostálgico y paradisíaco.
Dejamos la carretera principal y tomamos un desvío a la izquierda también por carretera aunque algo más estrecha. En este tramo nos alejan de la laguna los chalets que crecen a ras del agua, regados por el oleaje de la laguna cuando está crecida. Las barbaridades urbanísticas no tienen límite ni fin. Afortunados los que posean una propiedad en lugares tan privilegiados, pero considero que los espacios naturales deben ser privilegio de todos. Seguimos avanzando para llegar al final de la laguna, visitar la ermita de San Pedro y retroceder unos metros tomando un camino a la derecha sobre una pasarela salvando el río Alarconcillo. 
Comienza el territorio biker...,   Poco a poco vamos dejando las huellas de alquitrán sobre la roja piel del camino en una subida pedregosa pero sin mucho desnivel ni dificultad. Subimos rodeados de un espeso bosque mediterráneo de carrascas jóvenes y alguna encina más madura.
Pequeños caminos siembran la montaña bifurcando las opciones de continuidad. Optamos por seguir la señal del GPS que nos tendría que llevar hasta el mirador de la cruz. Sin embargo por algún error enfilamos un camino de bajada que nos va alejando de nuestro objetivo. Percatados del error nos quedaría retroceder en un tramo de subida a pie, pues es como hemos bajado este tramo roto por la fuerza de las aguas pluviales, o seguir el instinto esperando encontrar una senda que bordee la laguna por su lado sur y nos lleve hacia la Laguna Tomilla.
Así lo hacemos y acertamos de pleno. Es una senda un tanto aérea que nos da una bonita vista de la laguna y nos ofrece una sombra donde hacer un alto para avituallarnos.

Dejamos atrás la laguna y encontramos un prado donde la diversidad cromática nos golpea con intensidad y nos fuerza a una parada. Es como el prado del finde biker de Ademúz: http://rodaipedal.blogspot.com.es/2013/06/puebla-de-san-miguel-pico-calderon-las.html  aunque aquél día eran casi en su totalidad amapolas, aquí se muestran otras flores lilas que contrastan de forma brutal y preciosa con el rojo subido de las omnipresentes amapolas. Sin palabras.
Volvemos al asfalto, giramos a la izquierda y enseguida a la derecha. La Laguna Tomilla deja paso a la Conceja y allí se acaba el asfalto otra vez. El camino se hace polvoriento y pronto comprendemos el porqué. La singular forma de los tocones (o lo que queda de ellos...) de los árboles sugiere el paso de maquinaria pesada que ha triturado tanto los caminos como la madera y ha convertido la tierra en polvo.
Más flores lilas y por fin llegamos al camino que deberíamos coger. Si, digo deberíamos porque una inmensa puerta y valla cierra el perímetro y nos impide progresar. Ahí está el camino que sube la montaña y se adentra en otro tramo boscoso como el que recorrimos después de la visita de la ermita. Solo nos queda retroceder y buscar otro camino que enlace. Así lo hacemos hasta encontrar un camino con una puerta, aunque está abierta hay un cartel de no pasar. Ante el miedo a encontrar en el lado de la bajada una puerta cerrada decidimos cambiar sobre la marcha y buscar algún camino que bordee las lagunas por su parte oeste hasta enlazar nuevamente con el track.

Volvemos al asfalto y luego hasta el cruce al final de La Tomilla, esta vez a la izquierda acompañando la Tinaja y la Laguna de San Pedro. La carretera cierra el círculo y llegamos al cruce que antes tomamos a la izquierda. Esta vez seguimos rectos hasta llegar al inmenso árbol que vimos antes. Nos gustó tanto que hemos vuelto a él, pero seguimos sin saber qué especie es. El  GPS muestra un camino que pasa al otro lado de la laguna pero no vemos ni rastro de él. Preguntando,  nos indican que está pasando el camping, un par de kilómetros hacia atrás. Vuelta a recorrer el mismo tramo, esto parece el día de la marmota. Tras otra parada para preguntar encontramos el ansiado camino. Este pronto se convierte en senda y esta se estropea con piedras a modo de escalón, raíces y pasos muy estrechos entre tocones de árboles y la valla del camping.

Es un tramo técnico, que en varias ocasiones obliga a bajar de la bici y llevar esta a una rueda delante. Este es un hecho que a nosotros, Roda i Pedal, no nos gusta en absoluto, no queremos traicionar nuestro nombre y seguir encima de la bicicleta es casi una de nuestras máximas. Así que este tramo se torna un “infiennno” para algunos de nosotros. A mitad de senda ya estamos barajando la posibilidad de volver atrás y volver por la carretera hasta la base. El track indica que estaremos más o menos a mitad de senda, así que es más tontería hacer el mismo camino hacia atrás que seguir hacia adelante. La opción de seguir es correcta pues ya llevábamos más de la mitad y enseguida entramos en un camino algo más ancho y completamente ciclable. Llegamos al final de estos menos de 900 metros. Ahora el camino se ensancha y posteriormente nos unimos al track viendo el camino por el que teníamos que haber llegado hasta aquí. También tiene el cartel de no pasar pues es una zona protegida. Y aquí viene la discusión sobre cómo proteger una zona. ¿La cerramos y se la ocultamos al mundo… restringimos el paso de vehículos… de personas… de bicicletas… permitimos el paso con permisos solicitados para el caso…? etc.

El caso es que ya estamos donde queríamos y deberíamos. Este lado de las lagunas es un espeso bosque donde los pinos conviven con las encinas y otros arbustos aromáticos y dan una sombra fresca, fragante y espesa. El camino se desliza entre la franja de agua a un lado y la ladera de la montaña al otro. Dejando en la retina pincelas de montaña y mar. De azul y verde. De fragancias terrosas y vegetales y de agua dulce. La idea ahora es llegar hasta el Hundimiento para comer allí, pero viendo la hora que es y el “hundimiento” que tenemos en el estómago decidimos buscar un lugar tranquilo para la comida.La encontramos bajo una tríada de encinas de gran tamaño y belleza.
Unas piedras a modo de asientos nos brindan acomodo y una bonita vista de la laguna a ras de agua aunque a una buena distancia. Comemos y brindamos por la décima con algo más de prisa de la deseada pues las nubes se han cerrado rápidamente y la amenaza de un chaparrón es inminente coincidiendo escrupulosamente con las predicciones meteorológicas. El viento anuncia lo inevitable y salimos por pedales pero sin librarnos, en los pocos menos de 3 tres kilómetros que nos quedan, de un buen remojón.

Este último tramo no presenta ninguna dificultad, solo quedaba disfrutar de las vistas de la Laguna del Rey, primera y última de las Lagunas visitadas. Las gotas de agua son como pequeñas bombas que impactan en el camino y dejan diminutos cráteres a su paso. Enseguida la tierra coge esa humedad y nos permite seguir la estela dejada por el compañero que nos precede. Llegados al final del camino decidimos que el Hundimiento tendrá que quedar para otro momento, ahora lo que nos apetece es resguardarnos del chaparrón y tomar un café calentito o con hielo, a gusto del consumidor. Enfilamos la carretera hacia el interior del pueblo deshaciendo los últimos metros hasta el hotel y juntar nuestras manos al grito de Roda i Pedal dando por finalizada la ruta más plácida de todas las vividas hasta ahora.

Tras el café en el bar del hotel, la ducha, la cerveza y un poco de conversación con las chicas, salimos a dar un paseo llegando hasta el Hundimiento, un espectacular salto de agua que es la única imagen de este tipo que nos llevaremos de recuerdo. Y digo recuerdo pues ninguno de nosotros llevábamos la cámara para captar el momento.

Volvemos al hotel y al balcón para calzar una nueva cerveza que abra el apetito y acabe de expulsar el cansancio de tantas horas de extenuante pedaleo.

Tras la cena y los (malditos penaltis) salimos otra vez al balcón a saludar a la parroquia y brindar por nuestra Décima de forma consecutiva. Luis ayer nos presentó los datos que corroboran nuestra conquista sin que nadie, a bote pronto, cayéramos en el redondo dato y al fin y a la postre título de nuestra crónica. Venga otro cacharrito.
 Domingo
 
Desayunamos ya con ese sabor a despedida que deja un regusto amargo.
Cargamos nuevamente la furgo y salimos hacia el mirador sobre la Laguna del Rey. El enclave nos permite ver el último tramo de la ruta de ayer y poder así contar nuestra batallita a las chicas. También tenemos oportunidad de vislumbrar algunas de las lagunas que quedan al norte del pueblo y que no pudimos visitar ayer al acortar un poco la ruta. 
Tras esta visita continuamos remontando casi el mismo camino que ayer con las bicis hasta llegar a los restaurantes entre las Lagunas Tinaja y Tomilla, lugar que decidimos será bueno para comer. Allí damos un agradable paseo por el lado opuesto de la Tomilla por un camino menos polvoriento y más frondoso que nos permite unas vistas más amables y cercanas de la laguna. 
Fotos y más fotos que seguirán después de la comida en otro paseo para bajar la comida y las cervezas que nos hemos calzado. Eso sin olvidar los vinos de la zona que hemos ido probando a lo largo del finde y que nos dejan sabores manchegos que llevarnos de vuelta a casa. 

Roda i Pedal 2016
 


miércoles, 30 de diciembre de 2015

Crónica fin de año (2015)

 En la vida todo llega, todo cambia, todo pasa….

Pues sí amigos de bitácora, “la vida pasa”, y en nuestro caso parece que demasiado deprisa…

Una muestra clara de ello y sobre todo, si miramos atrás, ha sido nuestra "evolución biker”, y no en cuanto a la intensidad se refiere, la cual afortunadamente viene siendo la misma desde hace muchos años, pero sí en cuanto a la forma de rodar y de seguir descubriendo nuevos y recónditos lugares, cuestión que en este año que ahora termina, ha sido prácticamente nula en este sentido, tal y como se puede ver en nuestro calendario fotográfico anual que incluimos al final de estas líneas, pues durante este 2015 hemos querido honrar de manera especial, a nuestras queridas “Rodanes” creando lo que hemos denominado cariñosamente como el “año internacional de la Bassa Barreta” , lugar que hemos visitado incansablemente sábado tras sábado durante 50 semanas.

La razón es bien sencilla, tras 20 años  (que se dice pronto…) de rodar de forma casi enfermiza “cada sábado”, sin excepciones, hemos llegado a un punto en el que ni la especial motivación, ni tal vez las fuerzas, parecen ser las mismas de aquellos años de gloria del Roda i Pedal, es decir, entre el 2005 y el 2013, años en los que  realizamos decenas de miles de kilómetros y más de un centenar de nuevas rutas que nos dejaron miles y miles de imágenes y como no, recuerdos imborrables que ya nunca podremos olvidar.

Este año que ahora agoniza, ha sido especialmente complicado sobre todo para uno de los componentes del grupo, cuyos problemas de salud lo han tenido “en jake·” durante muchos meses,  problemas que lógicamente también nos han afectado al resto y en consecuencia, a las rodadas habituales de cada sábado, lo que ha provocado algo insólito en el grupo, que en todo el año, no hayamos coincidido los cuatro en la foto, aunque en honor a la verdad hay que decir que alguna semana ( no más de dos o tres a lo sumo) si que hemos pedaleado todos al completo.

Por otra parte, el biker benjamín, entre los calores que asomaron pasado el mes de abril  y los “es que…” habituales propios de la edad, que le obligan a prestar más atención a otros frentes, ha fallado más que una escopeta de feria, así pues, “los fundadores”  han tenido que mantener el nivel habitual y con ello, el espíritu del Roda i Pedal a pesar de los pesares. Ya vendrán tiempos mejores… , aunque si soy sincero y visto desde la perspectiva de quien escribe este texto que cada vez pinta más canas, ya firmaría yo que al menos fueran iguales, en fin…, el tiempo dirá.

Dicho esto, el resumen de lo pedaleado este año es sencillo, ya que salvo la llegada de los Reyes Magos en enero, cuya ruta nos llevo como de costumbre a la cumbre de la Ermita del Castillo en Chiva,  y el estupendo finde biker en el que coronamos una de esas cumbres  de nuestro territorio biker, a la que le teníamos unas especiales ganas de poder doblegar a base de esfuerzo, tesón y pedaleo, (el pico Javalambre) ,el resto de salidas hemos rodado incansablemente por nuestras Rodanes, rindiendo un especial homenaje como decíamos al comienzo de esta crónica, a la Bassa Barreta, ese emblemático lugar y remanso de paz, que nos ha visto reponer fuerzas bajo sus pinos en cincuenta ocasiones, es decir,  cincuenta bocatas y sus correspondientes cervezas y cafés, en ese bello paraje que nosotros tanto estimamos y al que esperamos sin duda, poder seguir visitando.

Al final lo mejor del año ha sido que por muy poco tiempo hemos vuelto a ser al menos tres… , aunque la alegría nos duró poco  y el compañero de “garrofera” de los últimos tiempos,  nos ha vuelto a dejar tirados en la cuneta como en él viene siendo costumbre últimamente, ya que el trabajo (según dice…) le obliga a no poder salir de momento los sábados, pobrecito…, toca esperar, ya que en lo referido al  “cuarto jinete” a ese si que no le vamos a ver el pelo hasta dentro de unos añitos, en fin…, ya veremos si vuelve al redil algún día.

Así pues y dicho lo dicho, ahí van las porciones fotográficas que mes tras mes, hemos ido recopilando al efecto de hacer posible ilustrar  tanto esta pequeña crónica, como nuestro habitual calendario para el 2016,  ilustración que nos acompañará como de costumbre en nuestro particular R.C., sábado tras sábado a la vuelta de cada rodada, como vivo exponente de lo ciclado por el grupo Roda i Pedal que todavía sigue y seguirá sin duda, dando pedales.


¡¡ Feliz 2016 !!

Roda i Pedal ©  


domingo, 13 de diciembre de 2015

Carta de  Roda i Pedal  a  SS.MM. los Reyes Magos de Oriente  

Pues a estas alturas del año y en términos ciclistas, ya podemos decir que lo que teníamos que pedalear, ya lo hemos pedaleado,  así que solo nos quedaría por hacer el usual balance pedalístico, ir preparando el calendario del RC y tras ello, pedir algunos deseos para el 2016, cuestión por la que este año se me ha ocurrido guardar en ésta, nuestra bitácora electrónica, la única carta que a estas alturas toca escribir sí o sí, es decir, la carta la los Reyes, así que vamos allá…

Queridos Reyes Magos:

Como suponemos que ya sabréis,  este año algunos integrantes del Roda i Pedal  en especial uno…),   no se han portado muy bien, cuestión por la que no os vamos a pedir muchas cosas, pues somos conscientes que deberemos “apechugar” con los daños colaterales que este mal comportamiento de algunos, nos haya podido causar a todos, pero a pesar de todo,  vamos a intentarlo y nos conformaremos con vuestra decisión final sin rechistar como buenos bikers que somos. Bueno, pues la cosa está como sigue:


En cuanto a lo material puro y duro, nos conformaremos con poco, así que solo os pediremos unas nuevas mochilas Mule  para Luis y para Salva, ( eso si, a ver si os enrolláis y nos traéis el último modelo )  ya que las que tenemos están “reventás” de tanta ruta y tanto sol,  pues ya son muchos miles de kilómetros los que las llevamos al lomo y las pobres ya piden tierra, y como nos hemos portado muy, pero que muy bien, esperaremos con impaciencia que la noche del día 5 nos podáis complacer.
En cuanto al “pequeñin” del grupo, es decir, Carlos, pues lo que se dice portarse mal "en esencia" no se ha portado,  pero en vistas a lo que ha rodado este 2015 creemos que lo mejor es que le traigáis unas  “ruedicas”  de seguridad por si algún día vuelve a salir con la bici,  no vaya a ser que cuando vuelva a intentar dar pedales, se nos vaya a caer nada más salir de la base y la liemos…,  dicho esto,  “la de carbono último modelo”  que os queríamos pedir para el benjamín del grupo,  este año y en vistas a lo comentado, no vale la pena, ya que a esta marcha podría cristalizarse de estar todo el año colgada del gancho pillando polvo en el garaje; ya veremos si en unos añitos se le pasa la manía de “trabajar” los fines de semana allá por la zona del barranc del Carraixet y a lo mejor entonces…, en fin... ja vorem.

En cuanto al más carabassa del grupo, (a ver si adivináis quién es …), somos conscientes de que para lo sucedido hace unos meses, no hay palabras.  Está claro que no le vais a traer ni tan siquiera un poco de p…carbón,  ya que ni eso se merece, pues se ha portado tan tan tan tan tan tan requetemal, que lo único que sería correcto es que le metamos  no cuneta  no , ¡¡¡ barranco !!!,  día  sí  día también, ya que la que lió en otoño fue de las que marcarán época, y aunque ya le hemos perdonado “un poquito”, la procesión va por dentro y tendrá que hacer nuevamente muchos kilómetros a rueda y invitarnos a muchas cervezas, para que se nos pase del todo el mosqueo y le perdonemos de verdad.

Bueno pues corramos un tupido bike-velo a todo ese despropósito y pelillos a la mar…, así que  apelando a vuestra infinita bondad,  lo que si que os vamos a pedir para él, es que le traigáis TRABAJO, mucho trabajo y un plan intensivo de adelgazamiento, a ver si se le va la tontería junto con esos “kilitos amasaos” y sienta la cabeza de una vez por todas, que el “chaval” ya va teniendo una edad, el muy ca…, como para ir haciendo tontás, asustando a la familia y a los amigos de pedal que aunque no se lo merezca, tanto le siguen queriendo aunque a veces ni tan siquiera se dé cuenta, pero como parece que lo está intentando de verdad, a lo mejor igual os pedimos alguna cosita, pero hoy no…, mañaaaaaaana.

Bien, pues como os decíamos al comienzo de la carta, los fundadores del grupo hemos sido muy pero que muy buenos ( y de ahí lo de laa Mule…, jejeje) , y tras largos debates y análisis concienzudos mientras rodábamos de  “la base a la bassa”  y de “ la  “bassa a la base”, por nuestra parte le hemos otorgado nuevamente un voto de confianza a Kike y le dejaremos vigente el carnet de Roda y Pedal para el año próximo,  eso si, renovable anualmente durante los próximos cincuenta años. 

Si…,  somos un poco blandos, lo sabemos, ya que volviendo sobre el tema, aunque somos sabedores de que lo único que se ha merecido son un par de h…… bien dás, le hemos seguido dando “cariñitos”, aunque nos ha costado lo nuestro no quitarle el saludo y enviarlo “a paseo”  para siempre (  a paseo sin bici, claro…) pero en fin, a veces las personas tenemos tanto bien, que en ocasiones podemos llegar a perder el norte y por mucho que todos se empeñen en marcárnoslo, no hay manera de aguantar firmemente la brújula. En definitiva, somos amigos y alguno algo más, así que como os decíamos, con mucho esfuerzo por parte de todos le estamos perdonando visto que ha dado muestras de propósito de enmienda del bueno.  

Bueno Majestades, no os queremos dar más la vara, únicamente nos resta deciros que si consideráis que tenemos bastantes puntos acumulados por haber rodado más de 3000 kilómetros en este año, homenajeando semana tras semana a nuestra querida “Bassa Barreta”, para el año que en breve comienza,  nos gustaría que nos dejarais también algunos  traks nuevos, algún que otro finde biker y sobre todo, que nuestras montañas sigan ahí como están,  y como guinda y si  en vuestra infinita bondad pensáis que nos lo merecemos, traernos también algunos “sacos de nubes”,  “un saco grande de coneiximent para el más "carabassa” y unos botellones de  “birra fuerzapiernas” que nos ayuden a seguir rodando como de costumbre por esos caminos de piedras y baches entre montañas que tanto nos gustan, y a ser posible  ¡¡ con el grupo al completo !!,  aunque esto último somos conscientes de que está muy pero que muy complicado visto lo visto, pero por pedir que no quede.

Un fuerte abrazo de vuestros amiguitos de Roda i Pedal.

Carlos, Kike, Luis y Salva

P.D.
 No os olvidéis de las Mule ¡eh!!!! 

sábado, 26 de septiembre de 2015

Pico Javalambre - Pico del Buitre

Camarena de la Sierra – Pico Javalambre – Pico del Buitre

Como el Ave Fenix, resucitaras de entre tus cenizas,  para ser de nuevo tu… 
 Anónimo 


Once meses  han pasado, ahí es nada, desde la última ruta subida por Roda i Pedal a esta bitácora.

Y no es que el grupo se haya cansado de pedalear  o que se encuentre en vías de disolución, nada de eso, pues todos los sábados las rodadas por nuestro territorio biker siguen estando ahí, pero… , el pero podría ser, de hecho lo es, tan extenso que el que está escribiendo esta crónica lleva más de un año intentando plasmarlo por escrito, aunque soy tan incapaz como ahora mismo.
Muchas son las explicaciones posibles a un "pero" que son muchos los "peros"…, un compendio de ideas que me aclaren la situación y de paso me permitan explicarla a los demás, pero no puedo, no sé, no lo comprendo… así que nos centraremos casi exclusivamente en la ruta que es lo que importa a los que desde fuera del grupo leéis estas crónicas. 
Si en los últimos años, el mayor enemigo para mi,  eran los horarios de trabajo de quien escribe (Kike), el año pasado se sumó a ello la crisis personal que no ha hecho más que crecer y crecer y que no acompañaba  para nada en las ganas de acumular kilómetros en las piernas. A todo esto  sumémosle la caída a finales del año pasado y el parón forzoso que trajo consigo, un “poquito” de sobrepeso para amenizar los días sin pedales, y tenemos un cóctel explosivo del que se podría extraer que estar haciendo hoy esta ruta es un verdadero milagro. Pero aquí estamos de nuevo,  para contar una ruta que nos hará tocar el cielo de nuestras rutas soñadas, una ruta que me llevará del infierno más personal a la cumbre de todas nuestras montañas,  pues Javalambre, por su proximidad a Valencia,  la consideramos una de las nuestras, y por fin, ya tocaba.
Así que el viernes por la tarde salimos con el 10 metros, el  mismo vehículo que ya alquilamos el año pasado y que tanto juego nos ofreció, volvíamos pues a repetir experiencia.
Las cerca de dos horas hasta el hotel en el pueblo de Camarena de la Sierra nos deja el tiempo justo a la llegada,  de meternos unas birritas entre pecho y espalda antes de bajar a cenar una vez acomodados en las habitaciones. Estupenda cena que sigue regada con más cervecitas antes del rutinario paseo y los cacharritos de rigor de todo finde biker que se precie.

La ruta

Durante el desayuno,  acabamos de despejar las dudas si es que aún las había, sobre el atuendo más conveniente, es decir, ir de corto o de largo. La fresca temperatura a pie de hotel, augura todavía algunos grados menos en la cumbre, razón que con un poco de viento nos podría crear algún problemilla a más de 2000 metros de altitud, sudando y preparados para bajar a altas velocidades; así pues, lo mejor será pasar algo de calor en la subida.
Iniciamos sin dilación el ataque a los 16 kilómetros de subida ininterrumpida que nos quedan por delante, subida que con un porcentaje entorno al 6% de media, no nos asusta, pero en lo que a mi respecta,  si que me da algo de respeto, aunque solo sea porque, en un intento de expiación, voy a subir 15 kilos más que el año pasado.   

La subida nos la tomamos con calma y vamos disfrutando del paisaje como de costumbre: el río Camarena a nuestra derecha, luego una fuente, luego el desvío a la derecha hacia el Balneario (que es por donde volveremos) ahora seguiremos la carretera que pronto empieza a virar hacia el este y se encañona junto al arroyo a los pies de la montaña. 
El otoño apenas empieza a asomarse tímidamente en estos valles, pues los amarillos y rojos característicos de la hojarasca son casi imperceptibles, pero dependiendo de la climatología a estas altitudes, el invierno podría desplomarse sin previo aviso. Pasamos junto al campamento y la carretera gira 1800  para cogerse a la falda de la montaña, y vamos tomando altitud entre una  inmensa pinada que riega de aromas el aire que ávidos respiramos ante el esfuerzo realizado.

 
Hacia la derecha se van abriendo postales de montañas lejanas, de picos entre nubes, de azules desdibujados entre brumas que amenazan algunas gotas a primeras horas de la tarde. Por mi parte voy subiendo a mi ritmo, quedándome atrás cada pocos metros, no porque mis compañeros aceleren,  sino porque no puedo aguantar su constante e invariable ritmo. 
No me asusta la subida, ya se acabará, la subiré toda y lo sé, lo que no sé es cuánto me costará. Mientras subimos, nos encontramos con algunos buscadores de rebollones que parecen adelantarse a la temporada. Al poco, un ciclista de carretera que nos adelanta con un ritmo frenético, pero eso si, solo en equipo ya pesa 15 kilos menos que nosotros, así que yo subo 30 más que él y los compañeros me tienen que ir esperando. Entre tanto sigue la subida y seguimos hablando de todo un poco, haciendo terapia de grupo o buscando soluciones mágicas a los problemas que nos acechan (qué bueno sería encontrar un hada de los bosques…). Al fin llegamos al enlace con la carretera que sube desde la autovía sin pasar por Camarena, y poco después,  llegamos al parking de la estación de esquí. En este punto acaba la carretera de asfalto y el resto del camino, que parece ser que alguna vez estuvo igualmente revestido de alquitrán, pero que ahora es ya de tierra. 

Poco después y de camino en busca de la cota más alta, pasamos junto a un par de balsas que alimentan los cañones de nieve artificial, y nos percatamos del enorme impacto paisajístico que deja una estación pequeña como esta en la montaña, lo que nos obliga a pensar qué será de las grandes estaciones, que incluso fueran de la temporada de nieve, son aprovechadas para el ocio y la práctica de otras actividades deportivas como es el descenso en mountain bike.
Una rampa durilla pero fácilmente atacable,  nos deja bajo las enormes antenas y unas curiosas construcciones a modo de refugios, aunque este no es nuestro objetivo el cual está algo más arriba y por tanto, seguimos adelante. 

Por fin ya vemos la cumbre del Pico Javalambre, el cerro amesetado denominado "La Chaparrosa" , lugar donde está situado el vértice geodésico que marca la cota máxima de todas las cumbres coronadas por Roda i Pedal,  el techo, 2020m. snm. el cielo ya se vislumbra,   el Ave Fenix que resurge de las cenizas y vuela a lo más alto, lo pedalea, lo sufre y lo consigue. 

Llegados a la cima, juntamos por fin nuestras manos al grito del grupo y nos preparamos para las fotos de rigor, para admirar el paisaje tachonado de sabinas rastreras que como lágrimas verdes decoran un paisaje llorado por los dioses, por el fénix, por los numerosos buitres que sobrevuelan majestuosos estas crestas. 

Nos cobijamos rápidos tras el muro de la hornacina, monumento dedicado a la Virgen de las Nieves situado  junto al vértice geodésico, para protegernos del ligero viento que nos enfría por la sudada que llevamos encima.  No hay más que mirar en su interior para apreciar la huella de algún bárbaro al que seguramente le molestaba la imagen de la Virgen, que por los restos presentes, albergó en algún momento la pequeña hornacina, en fin…, sin comentarios. 
Mientras almorzamos divisamos cumbres y les ponemos nombres intentando hacerlas coincidir con la realidad. El drástico cambio de punto de vista nos confunde un poco y nos muestra cimas que nunca antes hemos visto. 

Aun así, ahí están: El Penyagolosa, el alto de Pina, la sierra Espadán o el desierto de las Palmas, esa es nuestra duda. Y por supuesto el pico Buitre, inconfundible con sus gigantescas cúpulas astronómicas coronando la cima y por los buitres que lo sobrevuelan. Ante él,  un hermoso valle con toros campando a sus anchas por el verde y lejano prado. Y las montañas, desnudas de árboles, muestran las heridas que cada año les infringe el despiadado invierno que las azota sin piedad.



Tras las fotos de rigor y la recogida de nuestra “piedrecita verticial” (la número 40 de las 41), cabría destacar una de ellas, la foto que cariñosamente bautizamos con el nombre de .., (bueno, el nombre queda reservado para los que estuvimos allí, sentimos no poder compartirlo...), imagen que nos hizo pasar un buen rato y echar unas buenas risas que ya nunca olvidaremos, por eso la incluiremos tras la del vértice y de esa forma, seguro que al menos nosotros, siempre nos vamos a reír del momento cuando la veamos.  
Pasado el cachondeíto de la toma de imágenes, nos ponemos de nuevo en marcha calmado ya nuestro estómago y por lo tanto, con las fuerzas recuperadas para marchar en busca de nuestra siguiente cumbre, que no es más que el Pico del Buitre, que destaca a lo lejos, llamando con fuerza nuestra atención.
 


En el descenso hacia el desvío, Luis sufre una avería que a priori, parece que pueda arruinarnos la jornada;   el freno delantero no funciona como es debido a consecuencia de una fuga de aceite en el retén de la horquilla, pérdida que contamina las pastillas y a su vez el disco de freno, cuestión que nos obliga a detenernos y limpiar como podemos el conjunto, lamentando la falta de un simple mechero al objeto de poder quemar la grasa acumulada en las pastillas y poder eliminar mejor el aceite contaminante, pero finalmente, tras valorar los daños y poner una solución de emergencia ( imaginación al poder…) podemos seguir adelante con la precaución que impone esta leve avería, leve siempre y cuando no vaya a más, pero eso está por ver…

El valle y los toros pastando tranquilos en lontananza, pronto dejan de ser visibles a nuestra izquierda y aparece a nuestro paso, el camino que nos desviará a la izquierda y que nos llevará hasta la cima de los los observatorios. Un repecho nos dejará ante una bajada que se adentra en un valle y justo allí, atónitos, observamos un camino con una subida que se muestra criminal, y que nos deja sin palabras solo de pensar en subirla, pero afortunadamente y a la vista de lo que nos dice el GPS,   pronto entendemos que no tenemos que ciclarla, ya que ésta es parte del camino que baja hacia el nacimiento del río Arcos. Esa parte del track es un track alternativo,  pues la ruta que seguimos es, cómo no, del amigo Pitarque, casi siempre tan fiable (jeje…) en sus rutas.    ¡¡¡ Ufff !!! de la que nos hemos librado 
Según los mapas, había una zona del track original que no tenía camino, así que buscamos una alternativa y de paso, miramos este track que llegaba hasta la cumbre que ahora buscamos conquistar. Esta alternativa también presentaba perdidas de caminos además de una subida importante hasta enlazar con el otro track. De todas formas vemos que el sendero sigue subiendo al otro lado del valle con algo más de zigzag y por tanto, con algo menos de pendiente. Ya en esta bajada, en realidad, desde que tomamos este camino, el firme nos avisa de lo que encontraremos después, solo que no sabemos leerlo.
La bajada, con mucha piedra visiblemente meteorizada por las duras condiciones meteorológicas que en la mayor parte del año sufre del lugar, nos hace estar más que alerta en todo momento, así que imaginar pues con un problema en el freno delantero que lleva el compañero…;  tras este valle otro valle más amable, nos dejará a los pies de la cumbre, cima que aunque todavía se muestra lejana, su visión nos da el ánimo suficiente coimo para querer llegar cuanto antes.

Una vista espectacular de este paisaje semi desértico, tan árido y rudo como cautivador. nos llevará por fin arriba, al paraje denominado " la Loma Alta" la parte más elevada del Cerro del Buitre, justo donde se sitúa el vértice geodésico. El último esfuerzo para coronarlo nos da el puntito de haber conseguido nuestro segundo premio del día, otro vértice, otra “piedrecita verticial” para la cole, otra foto de grupo y la satisfacción propia del esfuerzo que nos ha traído hasta aquí.

Observamos el paisaje con avidez, pero la avería en la bici de Luis nos sigue preocupando y se impone más sobre la conveniencia o no de seguir uno u otro camino, más que de estar por la labor de sobar el paisaje con la mirada como siempre solemos hacer.  De cualquier forma, exploramos el solitario lugar y damos buena cuenta de lo espectacular del complejo astronómico, el cual parece estar en vías de un definitivo acicalamiento exterior a tenor de las obras que al parecer se están efectuando. 

Contemplada pues la zona, ya hemos visto desde aquí,  la bajada tan pronunciada que tendríamos que hacer para llegar hasta el río Arcos, por lo que la subida al otro lado no parece quedarse atrás en cuanto a desnivel. Al final, optamos por deshacer el camino hasta el desvío y seguir el track de  Pitarque. 

Iniciamos pues el retorno para comprobar que todo este camino es una pequeña locura. El firme está mucho más roto de lo que parecía, las subidas son más intensas y las bajadas no se dejan disfrutar de tanta piedra astillada que dificulta el agarre y te hace temer una caída inminente a cada metro que ciclamos . Al final , los 13 kilómetros que añadimos de ida y vuelta nos dejan un desnivel acumulado casi igual a la otra subida, quizá no nos hayamos ahorrado nada o muy poco,  quizá en la bajada hayamos salido perdiendo, en fin, nunca se sabe.
Desvío y seguimos ruta, ahora a la izquierda, siguiendo un cartel que reza, solitario y solemne , “Arcos de las Salinas”. Un repecho más y ganamos la bajada. Al momento sabemos que no solo no hemos ganado nada,  sino que aquí metidos pagaríamos por un traslado de camino. Nos vemos casi inmersos en un  barranco similar al del año pasado en la ruta de Uña.  La machaca que plaga por doquier el camino, nos hace temer un patinazo del tren delantero en cualquier momento, pues al tener que ir frenando continuamente,  le cortamos la inercia que nos puede salvar de una caída. Así bajamos los casi 5 kilómetros de pista del infierno, poco después, llegamos a un cruce de caminos: por la izquierda sube el camino alternativo que no cogimos, hacia la derecha sube el que tenemos que seguir.

Este también es el tramo donde no se veía sendero en los mapas. El camino es una pista ancha y en buenas condiciones, por fin…, en cambio la otra opción en el  mapa es un camino viejo y abandonado que pasa junto a los corrales del Tayuelo, tan viejos y abandonados como él mismo.  Visto de otro modo: y tras una cómoda aunque aburrida subida por asfalto, nos habíamos acostumbrado a un rodar fino y suave que nos había puesto un punto de sibaritismo en el cuerpo, por lo que un poco de polvo y piedra nos ha devuelto a la realidad de este nuestro deporte, que de haber estado en mejores condiciones hubiera sido todo un lujo, pero también es cierto que nuestra forma de disfrutar de la bici no son las bajadas imposibles, técnicas, trialeras ni con un riesgo excesivo, llámanos aburridos, pero nosotros estamos más por el paisaje y la compañía, rodar en grupo y poder charlar y gastarnos bromas dialécticas a medida que vamos ciclando.  
Iniciamos poco después la subida que nos dejará ver el pequeño valle donde se asientan los viejos  y derruidos corrales y nos encontramos con alguna rampa que aunque exigente,  no nos llega a marear.
Tras una curva de herradura la cosa se recrudece un puntito y ya empezamos a tener la sensación de que esto no para de subir. Es lo que pasa cuando tras muchas subidas,  las bajadas no te han dejado disfrutar de la velocidad del viento en la cara, de las sensaciones fuertes y del subidón de adrenalina que te atiza sin contemplaciones toda buena bajada, un pequeño lío pero se entiende, ¿no? .  Al fin remontamos esta subida y quedamos a merced del paisaje del alto del Collado Buey. Por fin tocamos pista conocida y esta empieza a picar hacia abajo con las sabinas abrazadas al suelo como verdes islas tropicales. Pronto nos adentramos bajo la cubierta del bosque. 

Transitamos la altiplanicie hasta llegar al barranco de La Saladilla, espectacular con sus gigantescas rocas medio suspendidas en el aire, otro repecho y ya por fin, el Collado Buey, la señal, el desvío a la izquierda hacia el Calderón y nuestro camino al frente,  que ya de una vez parece que tiende a bajar.
Vamos cogiendo velocidad  por esta pista ancha y en perfectas condiciones, toda una novedad en el día de hoy;  es un tramo casi recto que nos acelera con un perfumado viento en la cara. Los pinos y la humedad de una tierra fresca y cubierta de pinocha, saturan el aire de olores terrosos, viejos, ya casi desconocidos para los urbanitas que solo olemos en nuestras ciudades a orines de perro por doquier, ¡que tontos somos los humanos ¡ . Una curva de herradura nos devuelve a la realidad obligándonos a frenar de lo lindo, enseguida otra, ambas nos hacen descartar caminos que siguen de frente internándose en la montaña, que tentación…, pero seguimos por la pista principal. Pasamos un par de fuentes y con la velocidad que llevamos pronto llegamos a  la conocida zona de Matahombres, lugar elegido para reponer de nuevo nuestras maltrechas fuerzas tras muchas horas de pedal.

Llegados a tan plácido lugar, nos cobijamos bajo un inmenso ejemplar de pino rojo que aloja bajo sus ramas una gran mesa de hormigón con bancos a ambos lados del mismo componente.  Es tiempo para la comida quien tenga hambre, pues a mí el cansancio no me permite comer, pero al final y ante la insistencia de mis compañeros me obligo a picotear el bocata rendido ante los paisajes que llenan mi memoria, ellos si que dan buena cuenta del avituallamiento que devoran con ansiedad en un abrir y cerrar de ojos mis compañeros.
Comentamos entre bocado y bocado,  la tremenda bajada hecha puré por la que hemos descendido y que nos ha cansado más que la subida, así no hay quien disfrute. Hablamos del título de esta ruta, algo así como que Roda i Pedal resurge como el ave fénix de sus cenizas y alcanza la cumbre: Ave  Buitre, los que van a subir te saludan. (risas…) Es curioso el grado de compenetración; aun por separado habíamos pensado algo relacionado con cenizas, aves, cumbres, resurgir… o es que nos conocemos mucho, o esto empieza a ser ya muy preocupante. 

Estamos a escasos 10 kilómetros del fin de ruta y creemos que ya es todo para abajo, “ja”.  Al poco de salir del área de recreo, nos encontramos con una primera subida suave, luego, junto a unas viejas casas medio derruidas a orillas del Río Deva nos topamos con otro tramo ya no tan suave, ¿o serán las ganas de terminar la ruta que todo se ve “parriba” ?;  poco después comienza una bajada vertiginosa por asfalto y con suaves curveos que parecen aumentar la velocidad, pero lo que aumenta es la sensación de disfrute en cada cambio de trayectoria, la bajada pasa junto al balneario ya cerrado, y desemboca enseguida en la carretera que ya tira de nosotros hacia abajo para llevarnos raudos hasta frenar junto al hotel y dar por terminada otra inolvidable ruta por las montañas, nuestras montañas, todas ellas. 

A nuestra llegada, el saludo de final de ruta no se hace esperar, y pronto bajan las chicas con las frías cervezas de las que daremos cuenta antes de la ducha de rigor mientras nos contamos respectivamente las batallitas del día, recogidos bajo un porche cubierto de parras ya caducas y regados de pronto,  por una suave llovizna que nos recuerda el principio de otoño en el que esta lugar ya está inmerso, lluvia que dará un buen empujón a las setas que ya se adivinan entre los bosques;  nosotros mejor las saborearemos en el plato. Con el cansancio acumulado, no quedan ganas ni de acercarse a la zarza, a escasos metros, a coger unas moras o unos arándanos, que mejor los disfrutaremos en el plato a mesa puesta.
Previo a la cena, unas birritas más tras la reconfortante ducha, devolverán definitivamente el líquido perdido a nuestros deshidratados cuerpos y nos darán por qué no decirlo,  ese puntito que ayude a amenizar el banquete que se avecina.  Acto seguido y tras la buena mesa,  un paseo hasta la fuente de la plaza nos acomoda el estómago, callejeamos por la solitaria zona y volvemos junto al lavadero para seguir con la velocidad crucero, a la ingesta de más cerveza y algún que otro cacharrito, no vaya a ser que baje el nivel;   por Dios, trata de no bajarlo…
Al final los 6 packs de de birras han llegado justitos y llorando al final del finde, un puntito más de calor y hubiésemos tenido un problema…jejeje.  El departamento de logística tendrá que estudiar detenidamente esta circunstancia para futuros findes.

Domingo

Después de un buen desayuno en grupo, nos ponemos en marcha hacia Rubielos de Mora. La bajada hasta la autovía nos hace tener ganas de volver a pedalear,  pues la subida está tachonada de ciclistas con flacas subiendo hacia la cumbre, no sé si parar y explicarles lo que les queda…
Ya en Rubielos, paramos en el hotel de montaña el cual tiene muy buena pinta,  a reservar mesa para comer, y nos vamos a hacer la excursión prevista por fuente Narices y el Arco Natural de piedra que hay por la zona, una pequeña caminata para abrir el apetito de más cerveza. El fallo es que tras pasar por Nogueruelas nos damos cuenta del error; no era subiendo desde Rubielos de Mora sino desde Mora de Rubielos.   Enmendar el error nos costaría al menos una hora de coche entre ida y vuelta, cuestión que tras valorarla, nos hace optar por pasear por las estrechas calles de Rubielos de Mora y disfrutar de su tranquilidad, de su arquitectura y de la limpieza de sus calles comparada con las de nuestras ciudades, sobre todo Riba Roja del Turia que parece el pipican del mundo. 

Para iniciar este paseo con buen pie después del error, hemos tenido la suerte de ver un hermoso cervatillo cruzar ante nosotros y perderse en el bosque tras remontar, como si tal cosa, un pronunciado terraplén que nosotros a pie aún estaríamos subiendo. Ha sido un hermoso regalo de la casualidad.

Tras la buenísima comida, nos aberronchamos en la terraza del hotel contemplando la suave y constante lluvia que no tiene pinta de parar, así que después de varios cafelitos,  nos ponemos en marcha de vuelta a casa, no hay más remedio.

Teruel nos despide con una granizada de las que hacen época, la cual  afortunadamente no la sufrimos en marcha, pero aún llegamos a observar un paisaje blanco que contrasta con la roja tierra y los verdes trozos de bosque que sobreviven junto a la autovía. Solo dejará de llover para que podamos descargar la furgoneta, poniendo así un punto y final de ruta distinto al de otros findes bikers. 

El recuerdo, las fotos y esta crónica, quedarán aquí para que nunca lo olvidemos. Ya estamos planificando el próximo  finde biker de Roda i Pedal  para el  2016. 

¡ Ojalá podamos llevarlo a cabo!




Track de la ruta:  http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=10936920