martes, 19 de agosto de 2008

Por la Valldigna al Montduver (Encontrando al Rey)

"El hombre se descubre cuando se mide con el obstáculo"

Saint-Exupéry


Esta vez y contra todo pronostico fue el Rey quien nos dio jaque y aunque finalmente ganamos la partida, esta fue tremendamente igualada.
Ya hacía tiempo que teníamos pendiente esta ruta, estudiada, planificada y casi idolatrada a la espera de su culminación, eso llegaría en el día de hoy como homenaje a la onomástica de Luís, y es que hoy no sería el único en recibir felicitaciones, tanto al subir como al bajar, el grupo nos fundimos en esa felicitación mutua de alegría colectiva por la culminación de un gran reto superado. No era para menos visto lo visto además de lo vivido en aquella terrible montaña y su infinita subida, pero vamos con la crónica.
Un sábado más estábamos saliendo a las 08.00 o´clock de la base con el remolque cargado rumbo esta vez hacia Tavernes de la Valldigna para iniciar nuestra ruta, viaje amenizado por los comentarios de lo que había dado de si la semana y lo que nos queda por delante, alguna risa y mucha moral para afrontar el desafío de hoy que a priori y si el perfil no nos engañaba, no aventuraba ser un camino de rosas.
Dejamos el coche en el camí de Gandia, frente a nosotros se alza majestuosa la Serra de les Agulles, en lo alto, diversas cruces dominan el paisaje, enfrente, y detrás de nosotros se alzan las primeras estribaciones del cerro Montdúver que no dista en línea recta más de 6 kilómetros. Descargando las bicis nos adelanta un grupo de unos 9 ó 10 bikers que nos hace intuir la gran cantidad de ciclistas con los que nos encontraremos hoy. Tras los estiramientos musculares oportunos, partimos siguiendo la precisa indicación de la “martita” y su inflexible determinación cuando tiene algo metido entre circuito y circuito.


Llegamos al paraje de la Font del Clot, lugar tranquilo donde poder hacer un pic-nic en sus mesas a la sombra de inmensos árboles y con el fresquito que proporciona la fuente. De ahí nos dirigimos por el camí de la Fontarda entre naranjos hasta llegar al paraje del mismo nombre, un delicioso lugar donde parar a admirar el pequeño puente cubierto de arboleda y descansar bajo la imponente higuera que refresca el lugar, traernos una foto de recuerdo será nuestra manera de inmortalizar este precioso rincón.

Un poco más adelante enlazaremos con la CV 675, carretera entre Simat y Barx, ya sabéis que no somos amigos de la carretera pero es que esta vez no había más alternativas, además tratándose de una carretera que sube un pequeño puerto, con gran cantidad de curvas en zig-zag y con muchísimo tráfico ciclista nos sentimos un poco más resguardados ante los coches, el dicho de que la unión hace la fuerza es relativamente cierto en el caso de los ciclistas, cuantos más transitamos por una carretera más concienciamos a los conductores de que extremen la precaución. Comenzamos a subir este portillo con nuestras gordas y con 5 kilos de regalo a la espalda en nuestras mochilas.

Pronto comienzan a pasarnos misiles balísticos con forma de bicicleta de carretera (como las envidiamos ahora), para ellos parece que no hay subida, nosotros en cambio avanzamos trabajosamente pero aún así, a buen ritmo por este terreno. Comenzamos a subir desde los 50 metros y vemos como en cada curva la vista se nos llena de Vall-digna, más digna conforme más arriba estamos. A esto colabora y de que manera, el imponente casi fastuoso monasterio de Santa María. La parada fotográfica no se podía hacer esperar, así que hacemos un par de paradas contemplativas ante tanta grandiosidad.



Seguimos subiendo a buen ritmo la pendiente que sin desmerecer, no nos castiga en demasía y es que el asfalto nos facilita mucho la labor al tener un buen agarre con el firme sin asomo del efecto patinaje de las rampas de gravilla. Parece que la edad a la vista de algunos bikers de carretera que nos adelantan, no es óbice para que algunos nos pasen en plena subida a una velocidad endiablada, otros en cambio ya comienzan a bajar el portillo mientras nosotros seguimos subiendo. Llegamos arriba a 330 metros de altitud contentos de que las pulsaciones no se nos hayan acelerado demasiado, comentamos que hace tan solo un año esta subida hubiera significado fin de ruta y para casa, pero por algo tenemos los sillines llenos de muescas hechas en cada montaña coronada.
Pasamos por Barx para comprobar por que tenían tanta prisa los ciclistas de antes; en la plaza de la iglesia y a la sombra de la terraza del bar esperan pacientes ante una buena cerveza la llegada de bocadillos y es que su jornada ha llegado a su fin pero a nosotros todavía nos queda lo peor. A nuestro paso por el lugar el aroma alimenta, por lo que volvemos a envidiarlos, nosotros esperaremos un poco más para avituallarnos. Salimos del pueblo siempre transitando por la carretera en dirección Gandia, ahora ya tenemos visión directa de nuestro destino y la verdad es que impone respeto visto desde aquí abajo. Llegamos a la urbanización de la Drova donde un precioso cartel tallado en madera amenaza.... “Pu.jada al Montdúver - Altitud 841m.” y giramos a la izquierda para encarar la subida con un par haciendo caso omiso del cartelito.



En este punto, encontramos un numeroso grupo de bikers que se alegran de haber terminado la subida. Nosotros la afrontamos unos metros después. Acto seguido nos encontramos con un viejo conocido… el tío del mazo esta por allí, hoy con un mazo en cada mano y una sonrisa de oreja a oreja. Pronto empieza hoy el mamón este a repartir y a dos manos. La montaña despliega (lo sabremos después) una estrategia de defensa equivocada, es su afán de evitar nuestro avance por el centro ha mandado sus mejores y más duras rampas a nuestro encuentro: casi 800 metros de una pendiente terriblemente salvaje que dejará nuestros depósitos energéticos bajo mínimos para el resto de la subida, más por orgullo que por fuerzas seguimos subiendo esta rampa pues no queremos echar pié a tierra ante el primer obstáculo.





Parece que la rampa no se acaba nunca, pues el desnivel es tan brutal que nos impide ver el final. Retorciéndonos encima del manillar a duras penas conseguimos avanzar lo suficiente para mantener la verticalidad, reptamos por la carretera zarandeándonos encima de la bici, solo la vergüenza torera nos hace seguir adelante. Por fin parece que se ve el final de esta primera rampa allá adelante,pero eso está todavía muy lejos. Nuestra meta ahora mismo ya no es la cima del Mondúver, solo queremos acabar esta primera subida con tan endiablado desnivel.

Por fin lo conseguimos… llegamos a un descanso y tiramos las bicis en una sombra, no hay suficiente aire en toda la montaña para satisfacer la necesidad de nuestros pulmones, las pulsaciones disparadas, las piernas vacías, la fuerza parece habernos abandonado. Unos minutos después hemos conseguido respirar lo suficiente para comenzar a hablar. Comentamos la brutalidad de este preludio temiendo que más adelante nos encontremos con algo similar pues, esta parece que sube directo al cielo.

Ante nosotros vemos la continuación, otra buena pendiente, pero después de lo visto casi nos da la risa, vamos a por ella. Comenzamos a avanzar para comprobar que la estrategia de la montaña igual le da resultado pues nuestras piernas están vacías, después de unas cuantas pedaladas notamos como los gemelos se vacían, es como cuando bebes de tu camel back y compruebas que está vacía, ese espasmo que notas en la bolsa y que te dice “chupa chupa” y que te hace sentir el horror de seguir el resto de la ruta sin combustible, esas eran nuestras sensaciones más o menos.


Cada pocos metros tenemos que buscar una sombra y acurrucarnos los tres en ella para recuperar el aliento, más bien para buscarlo pues el cobarde ha huido en la primera rampa. El astro rey no ayuda lo más mínimo, todo lo contrario, cae cada minuto que pasa con más fuerza aliándose con la montaña para impedirnos su ascenso. Parada tras parada, trago de agua y fotos para hacer tiempo seguimos subiendo hasta que se impone el sentido común de comernos una barrita para quitar del estomago esa sensación de vacío que se traslada peligrosamente de las piernas al estomago. El depósito está tan bajo mínimos que tememos una pájara en cualquier rampa.




Subiendo cada uno a su ritmo y esperándonos en la siguiente sombra vamos conquistando poco a poco la subida. Estamos escalando la parte sur de la montaña, esta sigue mostrando sus piezas poco a poco, pronto llegaremos a un descansillo desde el cual parte el sendero PR 51-VIII en dirección a la font del Cirer. Parada para recuperar aliento, reagruparnos y de paso fotillo para el albúm al canto.




La visión de lo que nos espera en adelante es realmente desalentadora, otra terrorífica subida se alza imponente ante nuestra mirada y parece que será así hasta el final, antes de ella una pequeña vaguada nos dará un pequeño impulso para iniciar la subida, esta comienza de forma tan pronunciada que el frenazo que pega la bici es considerable, la velocidad de 48km/h alcanzados en este pequeño desnivel nos da una clara idea de lo que nos espera cuando bajemos la montaña de verdad y de la precaución que tendremos que tener.

La siguiente parada no se hace esperar, y en la siguiente curva de zig-zag paramos ante una imponente panorámica de la ladera de la montaña, frente a nosotros unas piedras en equilibrio se empeñan en dibujar el perfil una cara, no sabemos si sonríe o si se burla de nosotros, o tal vez todo sea producto de nuestra imaginación debido al cansancio. Al reanudar la marcha una nueva rampa asesina se planta ante nosotros desafiante, ya sabemos lo que nos toca, retorcernos encima del manillar e intentar utilizar todo el ancho de la carretera, poco a poco vamos viendo que el calvario se acaba, por lo que tiramos con más animo que fuerza para arriba deseosos de terminar con el castigo lo antes posible.

A estas alturas la montaña ya no tiene piezas con las que defenderse, las últimas torres cayeron con estas últimas rampas, su ataque suicida de inicio le dejó sin su mejor arma, aunque casi le da resultado ya que nos ha llevado en jaque durante toda la pendiente y al borde del desfallecimiento, rampa a rampa hemos ido superando sus piezas y ahora aquí arriba por fin somos conscientes de que hemos acorralado al Rey lo hemos puesto en jaque y el mate se avecina.



Ya vemos ante nosotros la imponente última rampa, pero la visión directa del final de la subida nos insufla unas fuerzas que creíamos perdidas mucho tiempo atrás, o quizá solo son ganas de beberse una buena cerveza fresquita en su cumbre.


Sea como sea las pedaladas se suceden y la bicicleta avanza lenta pero segura hacia una nueva cima a punto de ser conquistada, otro lugar donde plantar nuestra bandera, que digo bandera, hoy plantaremos un estandarte, mejor aún; un pendón.




Salva ya nos espera arriba e inmortaliza tan histórico momento con una instantánea cuya imagen refleja el sufrimiento padecido en la mañana de hoy ( y es que una imagen vale más que mil palabras) . Reunidos todos ya en la cumbre, no nos queda más que una eufórica felicitación ante la proeza, la gesta, la épica del momento. Jaque mate.


Almorzamos aun poco más arriba, junto al muñón cuya apariencia simula un vértice geodésico pero que no lo es, puesto que carece de la tradicional placa geodésica en su base, más parece un antiguo remate donde se instaló en el pasado alguna antena primitiva o algún pararrayos.

Las vistas desde aquí son inmejorables. Bueno, inmejorables si el día fuera claro, pero la bruma se apodera de casi todo en la distancia, aunque aún así podemos ir distinguiendo desde el Montgó hasta la Albufera, queremos adivinar en la lejanía del mar algo que pueda ser Ibiza, pero es demasiado aventurar decirlo a ciencia cierta. Foto de grupo al canto mientras nos deleitamos con la cervecita y el bocata ante el balcón al mundo en el que nos hemos instalado hoy.












Después plantamos nuestras bellotas y hacemos las mil y una fotos de rigor. Comentamos esto y aquello mientras nos dejamos arrastrar por el mágico embrujo de los paisajes que se encadenan entre sí y se funden en la bruma ante nosotros. Otro de los comentarios que surge y que da titulo a esta crónica es que por fin hemos encontrado al Rey de nuestras subidas, junto con nuestra Reina: La Rodana y algún que otro alfil llamado Caroig, ya podemos jugar una partida de ajedrez con los montes Valencianos. Esta, nuestra primera partida la hemos ganado.Es hora de descender. Tenemos la duda sobre si coger el sendero que comentábamos antes hacia la font del Cirer o si bajar por donde hemos subido, tendremos que llegar nuevamente hasta el descansillo de antes para decidir. Bajamos estas primeras rampas con precaución pero el ímpetu que ponen las bicis en la bajada es difícil de frenar, algún que otro plano en la rueda y apuradas de frenada brutales nos hacen comenzar a frenar con un poco más de anticipación. Esta tan inclinado el descenso que a veces pensamos que vamos a salir volando por encima del manillar, por lo que ponemos el culo por fuera del sillín para dejar el centro de gravedad más retrasado y así evitar el despegue por delante de la bici. Llegamos al descansillo y comprobamos que el sendero parece apto para descenderlo en bici aunque pasa por terreno que con la distancia parece muy abrupto, luego y todo según nuestras apreciaciones parece que inicia una subida por la ladera de la montaña hasta que al fin vuelve a bajar y se une a una pista ancha y en condiciones.

Pues a la vista de esto decidimos hacer el descenso por el mismo camino de subida y perder unos kilos con la adrenalina que vamos a quemar. Dicho y hecho. Nos lanzamos por la pendiente sin dejar los frenos muy libres pues la bici se ciega en cada pequeño desnivel que encuentra y tenemos que retenerla a fuerza de maneta. Vamos curveando con destreza y deseando que no se nos cruce nadie de subida pues ya resulta muy difícil parar como para encima tener que esquivar a alguien, en estas estamos cuando una curva de 180º se interpone entre nosotros y el resto de la bajada, tiramos de frenos, un poco más, más, más Más MÁS MÁÁÁÁÁÁS, Luis bloca la rueda trasera y con ella dibuja una sonrisa nerviosa en el asfalto cuyo resultado es ese temblor repentino en las piernas que todos conocemos, vamos tan juntos que todos tenemos la misma dificultad para frenar y nuestra cara se mimetiza con la sonrisa de goma, ante nosotros la curva se acaba y vemos que inexorablemente nos salimos de la calzada, en el último suspiro vemos una escapatoria pues, la curva tiene un trozo de tierra libre antes de la arboleda y antes del precipicio por lo que si conseguimos salirnos con poca velocidad aun nos queda una posibilidad de parar allí.


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Seguimos obligatoriamente exprimiendo los frenos, a estas alturas creo que ya debemos de estar frenando con las zapatillas en la rueda. En el último centímetro de asfalto he conseguido girar y mantenerme dentro de la carretera, ellos por su parte igual que yo ya que no los he visto salirse, aunque no estaba yo para fijarme mucho, la verdad. Las siguientes rampas las abordamos con algo más de precaución mientras el corazón vuelve a su sitio y se pone otra vez a su ritmo “normal”.
Vamos dejando atrás todas las sombras que nos han servido de aliento en la subida sin tiempo para despedirnos de ellas. Sin previo aviso se pone ante nosotros una zona ya olvidada con gravilla en toda la calzada, tendremos que pasar si o si pues no hay tiempo para frenar, cogemos fuerte el manillar y abordamos la entrada con el manillar lo más recto posible, el cambio de agarre y el leve deslizamiento de las ruedas sobre esta nueva superficie nos da un pequeño susto incluso antes de abordarlo, y es que el miedo es una estupenda forma de defensa, nos hace anticiparnos a los acontecimientos con unas milésimas de adelanto.


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Ya solo nos queda enfrentarnos a la madre de todas las rampas, bueno eso fue antes, ahora se ha convertido en una pendiente. Vamos rápido hacia ella, la vemos unas curvas por delante, ya estamos. Son casi 800m. de descenso en línea casi recta, como nos salga un coche o alguien de una esquina….nos lanzamos hacia abajo tan ciegos como las bicis, por unos instantes incapaces de tocar los frenos pues queremos disfrutar de este “Dragón Khan”, al poco el instinto de conservación y el sentido común se intentan abrir hueco entre la neurona y el inmenso espacio vacío que es nuestra capacidad de razonar en este momento. Aún no sabemos como pero la lógica se ha impuesto a la tremenda sensación de placer que se siente en una bajada de este tipo y muy a nuestro pesar estamos tirando de freno para intentar que el avance de las maquinas no se haga imparable. Con una sensación de puro éxtasis y euforia llegamos al mismo punto donde vimos a los bikers y paramos para recuperarnos de tan trepidante descenso, esto merece celebrarlo de nuevo con los compañeros entre risas y comentarios de alegría. El velocímetro no miente y nos marca una máxima de 63.5km/h. ¡¡¡¡uffff!!!!
Antes de lanzarnos en busca de Barx miramos atrás y dejamos constancia en la memoria digital de lo que acabamos de superar, el Mondúver nos contempla desde su altura, pero vencido. Ahora mismo la sensación que tenemos es que no volveremos, pero igual que con el Caroig esa sensación ya se nos ha pasado, sabemos que con nuestro Rey eso también pasará, además traeremos al “torito” para que “disfrute de estas rampitas”. Nos dejamos caer hacia el pueblo, pues ya todo lo que nos queda es bajada, tras atravesarlo nos lanzamos con algo más de velocidad por la subida de antes. El buen estado del firme y la anchura de la carretera nos hacen ir ganando velocidad, esta se reduce a la entrada de las curvas pues los zig-zag se suceden y nos obligan a frenar, aún así la velocidad se siente. Vamos al encuentro del Real Monasterio de Santa María de la Valldigna, en este enlace encontraremos un poco de historia del monasterio y de la Vall en la que se ubica: http://www.jdiezarnal.com/monasteriodesantamariadevalldigna.html






Tras la visita a este impresionante lugar nos dirigimos a la ermita de Santa Ana que se encuentra a escasos metros, constituyendo así un lúdico y cultural fin de ruta a la etapa de hoy. Comentar que esta ermita fue en su día la mezquita de la Xara.








Ya nos encaminamos hacia el coche para dar por concluida la ruta de hoy. Antes volveremos a pasar por la Fontarda y no podremos sustraernos al encanto del lugar, parada fotográfica y continuaremos en busca de las mejores vistas del Castillo de "Marinyén” o de la Reina Mora. Un pequeño error de calculo nos hará pasarnos de largo, afortunadamente se ve desde varios sitios allí a lo lejos encaramado en su atalaya de piedra desde la que domina el valle.

No nos queda más que llegar al coche para iniciar el regreso a la base con la sensación del deber cumplido, la vuelta en el coche será un sin parar de comentar anécdotas y situaciones vividas en la colosal jornada de pedaleo vivida con intensidad y con gran placer. La compañía lo merecía. Hoy, por ser la onomástica de Luis hemos acordado regalarle en los años venideros esta ruta tal día como hoy, veremos la que nos guarda él a nosotros, jeje.