martes, 19 de mayo de 2009

Crónica del Nacimiento del Palancia

"La soledad era eterna, y el silencio inacabable. Me detuve como un árbol y oí hablar a los árboles" Juan Ramón Jiménez


Ya hacía tiempo que iba detrás de realizar esta ruta. Aunque esta vez todo iba a ser distinto; realizar la ruta solo y con el GPS, en una zona dura y lejos de casa, vamos, que tenía su cierto halo de gesta grande. Salgo de casa con el coche cargado con la bici y repasando mentalmente que no se me olvide nada. Le dejo el mapa de por donde voy a ir preparado a Teba por si algo me pasa para saber por donde buscarme, bien pensado no es una mala idea por si hay que organizar una búsqueda. Carretera hacia Alcublas y luego a Sacañet donde se inicia y finaliza la rodada que tengo preparada. ¿Qué por qué voy solo? Pues porque esta ruta, ya estudiada sobre track era una de esas locuras que ha veces se me ocurren, y, la cercanía de otra de nuestras épicas aventuras, hacía que el grupo no quisiera embarcarse en este proyecto sin datos reales de la misma, así que como la idea era mía y yo tenía ganas de machacarme pues allá que me voy; aunque llevaré como inestimable compañía las precisas indicaciones de la “martita” para tener constancia de la dureza del trayecto.

Inicio la ruta en el GR10, camino de Fontcubierta, este se dirige cresteando la loma entre los barrancos, de Medilla a la derecha, y del Arco a la izquierda, hacia Teresa. Tras una primera ascensión, el camino inicia un loco descenso buscando la corriente del Río Palancia, para eso aún faltan unos 8 Km. pero, en ese trayecto descenderemos más de 350m. Descenso rápido y por buen camino, aunque no faltará, como en todo buen camino biker, su zona de piedras sueltas. Los paisajes ya están apoderándose de las sensaciones. Volviendo la vista hacia Sacañet se ve el último reto de la jornada, el Pico Bellida con sus más de 1300m, más a su derecha, el Peñaescabia cierra la parte sur del estrecho del Cascajar que se eleva justo delante al norte de la cuenca del Palancia, sin embargo, lo que veo ahora son las Peñas de Amador y el alto Fustero con su caseta de vigilancia; el Cascajar queda algo más adentro, tapado por el propio Peñaescabia.

En dirección opuesta, la maravillosa visión al Sur del pico Lluste de 1030m. de la Serra Calderona, al Norte la Serra de Espadan. Sigo bajando hacia la fuente del Royo, esta no se encuentra justo en el camino por lo que no hago parada para verla, ya que además, aún voy bien surtido de agua, con el castigador sol que me acompañará hoy no podré decir lo mismo a partir de la mitad de la ruta; buscando fuentes como un desesperado, más por precaución de no quedarme seco que por verdadera necesidad. En poco tiempo llego a la zona de las cuevas del Barranco Jalbe, encaramadas a las paredes del Alto de la Palanca se ven un par de cuevas ya habitadas en la edad del Bronce.

Aquí el camino tiene un fuerte desnivel, por lo que presenta tramos asfaltados: lo mejor será parar para echar un vistazo en condiciones, no sea que tenga que probar el fondo del barranco. Enseguida llego a la ribera del Palancia, mucho antes de verlo y oírlo, lo adivino por la cubierta vegetal que lo envuelve: los pinos, carrascos y demás árboles de montaña, dejan paso a los chopos y la vegetación de ribera que refrescan el ambiente. Por fin tengo visión directa del río sobre el puente que lo cruza, por primera vez en la jornada. No llego a entrar en la población de Teresa, el track me lleva en sentido contrario por la carretera hacia Bejis. Si, ya se que he dicho carretera, pero en estos casi 6km. hasta Bejis no me adelantará ningún vehiculo y tan solo me cruzaré con un par de motoristas. Lo mismo ocurrirá en el tramo desde Bejis a Los Cloticos. Entre Ventas de Bejis y Bejis, la carretera comienza un prolongado ascenso que, a los pies de la población se endurecerá y no cejará hasta el mismo centro del pueblo.



Ya en la salida encontraré el acueducto romano que traía el agua desde el manantial de Los Cloticos hasta la fuente de los caños dentro del pueblo. Arriba de la peña, en el centro del pueblo, agonizan los restos silenciosos y olvidados del castillo romano. Luego sigo hacia el nacimiento. Este camino denominado Camino de La Umbría, acoge la ruta del agua.




Está salpicado de paneles interpretativos de la flora y monumentos que podemos encontrar a lo largo de la ruta junto al Palancia. La carretera me llevará hasta el desvío que, a la vuelta, tomaré para subir hacia La Salada rodeando Peñaescabia. Veo la importante subida de inicio y prefiero no pensar ahora en ella, ya tendré tiempo más que suficiente. Me centro ahora en el paisaje que me rodea. Abajo, el curso siempre melódico del río Palancia se esconde tras una densa y preciosa masa boscosa. Paso frente a la aldea de Ríos de Arriba, después viene la fuente de Los Cloticos junto a la planta embasadora de aguas de Bejis.



Esto está situado justo debajo de Peñaescabia, la imponente montaña y su impresionante bosque filtran y mantienen la humedad que, una vez bajo tierra da vida en forma de fresquísima y rica agua en este y otros manantiales y fuentes que abundan en la zona. Junto a la fuente hay una zona de recreo, bancos, paelleros y un parque que harán las delicias de quien venga a pasar un día de ocio o a recoger agua de la fuente. Sigo el cartel que indica el camino del nacimiento. Sigue subiendo. No podría ser de otra manera. Más allá llego al desvío del camping, lo ignoro y continúo hasta estar frente a la aldea de El Molinar.

Un pequeño conjunto de casas, en tiempo abandonadas, y ahora restauradas, junto al camino que va hacia El Toro por el barranco del Hocino y que, trae las aguas de la zona de Barracas hasta el Palancia. El camino ya se mete bajo el manto de pinos, y la pared rocosa del otro lado del río es el estrecho del Cascajar, un muro pétreo que discurre de Este a Oeste encauzando el lecho fluvial, poco después cruzo la cristalina corriente que baja del barranco del Resinero y llego a la bifurcación: izquierda hacia el barranco, derecha hacia el nacimiento.

Este es último sitio al que pueden llegar los coches. Inmediatamente me encuentro con el río, unos troncos y unas piedras sirven de puente cuando el caudal no sea muy grande, hoy incluso lo badearé montado sobre la bici. Al otro lado se convierte el camino en senda y fin de la aventura montada. Arrastro la burra que se desespera ante este atentado a su derecho a correr libre por el campo. Intento consolarla contandole el impresionante paraje que estamos recorriendo, a duras penas puede soportarlo. Unos 200m. más adelante y ante unas rocas que actúan de escalones, decido poner fin a esta aventura que intentaba terminar en los estrechamientos del río cerca de su nacimiento, pero, no sé exactamente cuanto queda para llegar hasta allí y seguir por aquí cargado con la bici es una locura agotadora.

Con este panorama y a la vista de una roca que se interna en el río decido usarla como excepcional balcón donde sentarme a almorzar. La cristalina y refrescante corriente, el paisaje sobre las montañas que me aprisionan y el dúo de canto formado por agua y pájaros hacen de este “retiro” un ejercicio de espiritualidad en si mismo.

Me despido del lugar con la tristeza de quien deja un lugar querido, regreso hasta el camino y estoy tentado de coger el camino del barranco del Resinero, pero si este se convierte en una senda tendré problemas pues, el desnivel a salvar hasta el camino de la Joliana no es ninguna tontería. Así que deshago el camino disfrutando nuevamente de este idílico enclave. Llego al desvío que inicia el camino de la Joliana y que rodeando Peñaescabia recorre el barranco del Resinero de principio a fin. Enfilo la subida que vi cuando venía. Intensa pero sin asfixiar. El firme bueno, ciclable, sin mucha dificultad. Una curva, dos, tres, ¿Cuándo llega el descansillo? No llega. La subida, cruel como pocas me pondrá a prueba durante al menos 2km. con una pendiente sostenida, ya digo, dura pero indulgente.



Llegado al altiplano que pasa sobre Los Cloticos encontraré un primer descanso. Luego vuelve a tirar hacia arriba. Ningún tramo de la subida me sacará de punto, el cansancio vendrá por lo prolongado de la ascensión: en tiempo y en kilómetros, y por el tremendo desnivel acumulado, amén del calor y la constante pérdida de líquido. Voy parando cada poco tiempo a disfrutar del paisaje y hacer fotos, beber agua y recuperar fuerzas, mejor no cebarse pues aún queda mucho. Una vez rodeada la punta Norte del Peñaescabia entro en el corredor Norte-Sur del barranco del Resinero.

Este barranco discurre paralelo al Peñaescabia, y va subiendo hasta que en la cabecera sur, a su inicio, ya que es la parte más alta, se encuentran las lomas de La Joliana con sus más de 1400m. de altitud; frente a ellas al otro lado del barranco, el Collado de los Perros, la Umbría Negra y la Peña Salada, todas ellas por encima de 1500m. Esta última es el destino al que me dirijo; la abandona base militar de El Toro, La Salada o Andilla según donde se busque la información. Pero vamos a ir ascendiendo poco a poco que las fuerzas no dan para más. Nada más entrar al barranco, queda a mi izquierda, allá arriba, el Cerro de la Cruz, que es el pico más alto del Peñaescabia, aunque es este último pico quien tiene el honor de dar nombre a la montaña y de tener el vértice geodésico.

Continuo pedaleando a un ritmo cansino, cuesta mantener la verticalidad sobre la bici, pero a este ritmo soy yo quien controlo la respiración y, las pulsaciones no se disparan, así que, sigo sin alterarme a pesar de estar deseando llegar. Pues no me queda nada aún. Frente a mí diviso las alturas de La Salada y alrededores, no puedo ubicarlos exactamente pero uno de aquellos es, aunque las estaciones de radar y las casas quedan en la vertiente sur, mirando hacia Valencia desde donde, cuando estaba en activo se veían los potentes focos que había aquí arriba. A mi izquierda, el Peñaescabia va perdiendo altitud en su parte más meridional hasta el prado de Capilla, con sus poco más de 1200m. Ahora ya puedo divisar algo de horizonte, pero poco, ya que enseguida se alzan las primeras laderas de las Lomas de La Joliana o Juliana. Al otro lado del barranco, las alturas son siempre mayores. En todo el recorrido, el impresionante bosque de pino deja, con el calor predominante en el día de hoy, el particular aroma de las piñas recalentadas abriéndose al Sol. Los arbustos no dejan pasar la ocasión de aportar su peculiar toque aromático; romeros, tomillos y aliagas se entregan con gusto tanto para mi disfrute olorífico, como para servir de manjar a las legiones de abejas que se oyen zumbar en cada matorral del camino.

Llego a la zona del incendio que en 1993 devastó esta zona. Quedan restos calcinados de pinos esparcidos por la montaña allá donde la naturaleza aún no ha conseguido cubrirlos o devorarlos, convirtiéndolos en el primer eslabón de la cadena alimentaria, abono. Pero ahora la devastación se cierne sobre la otra parte de la montaña: a mi paso por Bejis pude ver muchos carteles con el lema “MINA NO”, me he puesto a buscar información y he encontrado que una empresa quiere hacerse con los derechos de explotación minera en una zona cercana a Arteas de Abajo, la zona denominada Collado de Girón. En nuestra ruta por el Circ de La Safor http://rodaipedal.blogspot.com/2008/11/crnica-de-la-va-verde-del-serpis.html ya vimos el terrible impacto paisajístico que estas explotaciones causan en el entorno, eso, sin entrar en los más drásticos impactos medioambientales sobre el aire o los acuíferos que, ese, no es el tema de esta crónica ni de este blog, sin embargo, no somos indiferentes a esta problemática ya que apoyamos la naturaleza por encima de las actuaciones empresariales que intentan destruir lo que es de todos (más información y firma: http://bejisnoalamina.blogspot.com/search/label/Instancia ).

No os olvidéis que sigo pedaleando. Paso junto a la fuente del Pocico, no la veo a orillas del camino y aún tengo agua suficiente a pesar del tremendo calor. La pendiente no afloja. Esta es la peor parte del camino. El firme, muy roto y deteriorado tiene muchas piedras de rodeno sueltas, típico de este terreno. Así que con un poco más de esfuerzo me mantengo sobre la bici y continúo ascendiendo. Después llego a la fuente de la Sunsida.


La parada es obligatoria si no quiero quedarme sin agua. El pequeño hilo que brota del caño es puro y fresco, delicioso. Además de beber como una esponja me doy un homenaje en forma de lavado de cara y brazos, por lo fría que está no quiero mojarme las piernas, no sea que se enfríe la musculatura y la liemos con lo que me queda aún por subir. Relleno el bidón y sigo para arriba. Poco después veo un giro pronunciado del camino a la izquierda, lo de enfrente deben de ser las Peñas del Diablo. Este es el punto donde está la bifurcación que me llevará a La Salada. Después del giro tengo una panorámica excepcional de todo el barranco, estoy en el inicio del mismo.

Otra fuente, la del Cantal, situada justo a los pies de las Peñas del Diablo, será una de las responsables de la permanente corriente del barranco que, como recordareis, he tenido que cruzar poco antes de llegar al río, antes de iniciar esta interminable subida. Apenas es un hilo de agua pero me lanzo casi de cabeza a ella, ni el musgo que cubre el caño me hace desistir de un buen trago. Miro hacia arriba, a la montaña y pienso: aquí nada puede contaminar esta agua. Poco después un gran panel interpretativo del paraje (del que extraigo la cita de la crónica), y el desvío hacia la base militar. Cojo el móvil para llamar a Teba y decirle donde estoy para que no se preocupe, en todo el valle no tenía cobertura. La hora me plantea un dilema. Son las 15.30h. si subo a la base me queda como mínimo una hora más de pedaleo, eso me retrasará mucho la hora de comer. Además está que, a estas alturas no sé exactamente ni cuantos Km. faltan para llegar ni la altitud a la que estoy, pero guiándome por las curvas de nivel del GPS me faltan casi 200 metros por subir. Con más pena que alivio decido no subir. Así que busco un lugar entre el rocaje con buenas vistas y saco de la mochila el bocata y la cerveza, ufff....., aún está un poco fresquita.

Aquí sentado en la soledad del camino, miro a un lado y a otro, contemplo con nostalgia el trayecto recorrido, aquel que mis pasos jamás volverán a hollar, y estudio con una mezcla de ansiedad y anhelo el camino venidero pues las fuerzas ya están bajo unos alarmantes mínimos. Y allí, en medio de aquel palpitante silencio, la eterna soledad de las montañas me cuenta su historia, y todo cobra sentido, y todo se renueva, y todo envejece de pronto. Allí en medio del silencio, arropado de calor y sudor, y polvo del camino, comprendo que estoy allí porque es mi sitio. Después de estos pensamientos que me inspira la montaña, no dejo de preguntarme como es posible este sentimiento de armonía con lo cansado que estoy. En fin, cosas de la naturaleza supongo.

Mientras apuro el bocata, tengo enfrente el Pico Bellida y el camino que me llevará hasta allí. Las dos gigantescas antenas se divisan perfectamente. Más allá, entre la bruma, La Calderona se desdibuja por momentos, igual que Espadan. Desde aquí el Peñaescabia se oculta tras otros picos más próximos y altos. Y las vistas sobre los modernos gigantes, que ya en tiempos combatió Don Quijote, afean sobremanera las laderas sobre las que se yerguen altivos contra el viento. Todo sea en nombre del progreso.


Veo el camino que tengo que descender, zigzagueando por la montaña me llevará hasta el valle que en dirección Sur llega hasta Canales.

Atravieso un pueblo fantasma. No se ve a nadie. No se oye a nadie. No hay coches, ni ropa tendida, ni gatos ni perros. Alguna casa da la sensación de estar abandonada. Si no fuera porque es pleno día y estoy demasiado cansado como para inventar historias… Me dejo guiar eficazmente por la “martita” que me saca rápidamente del pueblo. No se le ocurre a la muy mamona otro camino que no sea de subida. Una carretera asfaltada en perfectas condiciones que sube al puerto de la Bellida, desde allí un camino sale a la derecha, hacia el alto. El firme de grava es una dificultad añadida a la propia pendiente, patina que da gusto, es solo un tramo pero como siempre, las cosas se tenían que complicar, lo tendré en cuenta a la bajada si no quiero tener un problema.

La pendiente es de las mejores de la jornada, o será el cansancio acumulado, o las dos cosas, o las ganas de llegar al coche y dar por concluida la jornada de pedaleo. Poco a poco se acerca la cima. Bueno soy yo quien me acerco pero, en sentido literario casi queda mejor. Muchas de estas chorradas las pienso mientras doy pedales para intentar abstraerme de la dureza de la subida, hay que ver lo que da de sí la “chola” en un día de pedales. Aún no tengo fuerzas para girarme y contemplar el paisaje, si lo hago, a la poca velocidad que estoy subiendo me obligaría a echar pie a tierra, y eso, a estas alturas, es lo último que quiero. Por fin llego a las antenas, pero el vértice está en la otra loma, claro. Por fin llego al vértice. Ahora si. Finiquitada la ruta.

El resto, después de las fotos, descansar, beber agua y hacer acopio de valor para volver a subir a la bici, será todo para abajo. Disfruto del brumoso y escaso paisaje que puedo divisar. Una lástima después de tanto esfuerzo. Pero es lo que hay. Son escasamante visibles las instalaciones de la base militar a la que finalmente no he ido.

Me deja un sabor amargo que intento quitarme contemplando otros paisajes. Paseo, o mejor, deambulo por el alto debido al cansancio. Saco unas cuantas fotos. Disfruto de otro triunfo sobre la montaña y hago una rápida muesca en el sillín. Bellida grabado con letras de fuego. Con esfuerzo titánico, con sudor de campeones. Con la alegría de haber subido. Con la tristeza de estar solo. Cojo el sillín, el de las muescas y grito Roda i Pedal. El homenaje está representado, el grupo, presente. A falta de la foto de grupo, la “dilin” será hoy inmortalizada junto al vértice del cual cogeré una piedra. Tras varios intentos encuentro una piedra fosilizada, perfecto.

Ahora toca bajar. La emoción de la velocidad y la ausencia de curvas me llevan a dejarme caer. Cuando me doy cuenta de que voy a entrar en la zona de grava ya es tarde. La bici no se frena antes de entrar y al tocar este terreno, comienza a deslizarse en todas direcciones. Me la pego. Es mi único y repetitivo pensamiento. Si toco más el freno será peor. Cojo fuerte el manillar e intento redireccionar la bici a cada bandada que pega. No sé como lo consigo pero instantes después creo que soy dueño otra vez de la situación. Cuando salgo de esa trampa toco el freno y domino los caballos desbocados de la bici, y de mi corazón. Solo será un instante de dominio, pues enseguida llego de nuevo a la carretera asfaltada hacia Sacañet. Atención: pendiente prolongada en varios kilómetros. Este cartel toca arrebato. Me calo los pedales y me dejo caer sin dar una pedalada más. La máquina va ganando velocidad. Las curvas amplias se suceden sin que tenga que tocar freno. Solo un par de giros de 90º me obligarán a exprimir freno, luego suelto las manetas y busco la aerodinámica para ganar velocidad. Puedo coger todo el ancho del carril para ganar velocidad pues, no viene ningún coche, ni de frente ni detrás, además bajando a casi 60, no serían muchos los coches que me adelantarían en esta bajada. Casi cuatro kilómetros después llego a Sacañet. Ahora, por la carretera de Alcublas llego al coche aún con los pelos de punta tras la vertiginosa bajada. El grandote espera paciente como siempre a que lleguemos. Hoy ha estado 9 horas esperando al sol mi regreso. Unos estiramientos y un trago de agua de la fuente del Cantal darán por terminada la ruta. Las cautivadoras vivencias y espectaculares paisajes de la rodada de hoy, se las contaré al grupo en esta crónica que espero disfruten como si la hubieran recorrido.


Track en Rutes de Roda i Pedal

sábado, 2 de mayo de 2009

Crónica del Aixortá

Entre el mar y el cielo las montañas. No son los extremos, sino la justa medida entre ambos lo que nos equilibra, lo que nos hace vibrar. Hemos subido una cumbre, no la más alta, pero tampoco nos quedamos abajo, y, con eso, hemos gozado y disfrutado, ¿será ese el verdadero placer de la vida? Roda i Pedal

"Els horitzons conquerits són també tot allò que ha precedit l’arribada al cim i inclòs l'ascensió, tant com el panorama que des d'allò més alt s'ofereix als escaladors; i ho seran fins a la fi de l'excursió, fins el retorn a la vall." Gaston Rébuffat. Horitzons conquerits

Culminada con éxito la segunda edición del fin de semana biker, con la euforia y la alegría que da una ruta inolvidable estamos aquí escribiendo esta crónica. Tal como hicimos con la primera edición de este fin de semana biker, a la tradicional cita de inicio se une nuestra particular cita que, de alguna forma, refleja el sentido y sentir del grupo. Pero dejémonos de prólogos y vayamos al grano. Desde hace meses, el trabajo y la planificación de todo lo relacionado con esta ruta hacía que la ansiedad por que todo terminara bien fuera grande, pero bien está lo que bien acaba, y eso es, lo que vamos a contar de este fin de semana. La fase de apertura de candidaturas de las rutas se abrió, concretamente, en la primera rodada a Santa Bárbara. De las que se propusieron esta fue la que al fin se posiciono como mejor opción, así que se estudió la ruta y sus posibles alternativas, se pulió, mejoró y retocó hasta dejarla preciosa, perfecta. Comenzamos a buscar un hotel que reuniera las características que necesitábamos (que no son pocas), y nos pusimos a esperar que la semana anterior nos trajera buenas previsiones meteorológicas.
Con estas en el bolsillo reconfirmamos con el hotel y nos fuimos para allá. Aprovechando el puente del 1 de Mayo, salimos el viernes por la mañana con el remolque y con toda la ilusión que podíamos cargar en las maletas.
Autopista hasta Ondara y luego dirección al Coll de Rates por las carreteras interiores que nos pondrían a subir hasta los 650m. que dominan el paisaje y nos presentarían una primera impresión de nuestro Aixortá esperando en la distancia.
Almorzamos junto al coche disfrutando de los paisajes todo lo que el fortísimo viento de levante nos permitía, las nubes densas aunque altas, no eran un obstáculo al paisaje. De cara al viento teníamos el Montgó internandose en el mar así como los cabos de la Nao y San Antonio. Hacia el Norte, la Serra de les Rabosses en Cullera se insinuaba entre la bruma. Ya hacia el Suroeste las cumbres rotas y afiladas se suceden como los vagones de un tren y, nos hablan de la terrible lucha de las fuerzas naturales por concluir este tremendo cuadro que por más que nos afanamos no sabemos ni podemos, aunque tampoco queremos, abarcar en un solo vistazo.
A nuestra izquierda la colosal Serra del Ferrer se aleja hasta fundirse con el Bérnia, que se eleva majestuoso como frontera entre las dos Marinas.
A su derecha desde nuestra posición, surge una multitud de agujas de piedra artificial casi desde el mar, la ciudad de Benidorm intenta dibujar un sky line capaz de competir con las increíbles crestas y farallones de las montañas que vemos a nuestro alrededor, no lo conseguirá.
Más a la derecha se alza el imponente Puig Campana fundiéndose con la altitud del Aixortá, y ya cerrando nuestro campo de visión, la cumbre del Carrascal que abordaremos el domingo.
Tras el almuerzo nos reconfortamos con un café calentito en el restaurante, aberronchados del viento. Nos ponemos en marcha otra vez para descender hacia Tárbena y llegar al hotel. La carretera es un esplendido mosaico multicolor de unas preciosas plantas verdes con flores lilas y del amarillo de las aliagas fundidas con los romeros o los tomillos, sin olvidar que seguimos extasiados por la omnipresencia del Bérnia. Nos recibe Francisco con su eterna sonrisa: decimos eterna pues en todo en el fin de semana a sido su inseparable compañera tantas veces como nos lo hemos cruzado. Después de alojarnos y dar un pequeño paseo por el pueblo, comemos en Casa Pinet, un casi indescriptible restaurante por su decoración, con todos los símbolos de izquierdas imaginables y quizá alguno inimaginable. Connotaciones políticas al margen, la comida, muy de la zona y casera, está para chuparse los dedos. Al terminar nos espera una siesta de las que sientan cátedra, eso quien sea capaz de conciliar el sueño, pues estamos como una anaconda después de comerse un ciervo.
Al levantarnos es hora de empezar con las cervezas, antes de seguir con más cervezas y de terminar con unos cacharritos; en medio de todo esto volveremos al hotel para disfrutar un rato de la extraordinaria terraza que tenemos en la habitación y de sus vistas, hasta la hora de dar cuenta de una deliciosa cena y conocer a Ana, que será quien a lo largo de estos días nos sirva la cena y el desayuno, con una simpatía y amabilidad más allá de lo que requiere lo estrictamente profesional.

Sábado 02 de Mayo


Bueno pues ahora vamos al plato fuerte del fin de semana. Cargamos el remolque y nos dirigimos hacia El Castell de Guadalest desde Tárbena.
Pasamos por la inmensa extensión de invernaderos que cubren los campos de nispereros, los frutos comienzan a tomar color mientras siguen creciendo a pesar de su ya considerable tamaño.
Llegamos al embalse y dejamos el coche. Unos estiramientos mientras miramos la masa pétrea que alimentándose del propio pantano se eleva hacia el cielo casi sin fin. Comenzamos a pedalear por la orilla sur del embalse, con Guadalest sobre nuestras cabezas y viendo el Aixortá al otro lado del embalse. A su izquierda La Serrella. Entre las dos se desploma el desfiladero por el cual tenemos que subir por un camino que intuimos una pared. En la parte izquierda del desfiladero se yergue el Castellet, lo vemos allá arriba, tan lejos que parece inalcanzable, pero sabemos que es hasta allí donde tenemos que llegar.
Ese será el final de la primera parte de durísima subida. Rodeamos el lago disfrutando de las vistas mientras vamos calentando los músculos. Ya casi en la cola del mismo tenemos una rampa que será un toque de atención de lo que nos espera y que nos llevará hasta la carretera de Beniardá. Primera parada técnica buscando agua. Nos miramos preguntándonos si sabemos lo que estamos haciendo. Parece que no porque seguimos adelante. Cruzamos el puente sobre el río Beniardá y la carretera, aún de asfalto, se empina enseguida.
Fotos y más fotos, en una de estas Luis y Carlos, sin darse cuenta de una nueva parada siguen adelante, nosotros dos, más rezagados, vemos una bifurcación, a la derecha, en bajada y paralelo al embalse un camino, a la izquierda y en subida otro, no puede ser más que el que sube. Allá que vamos. Una primera rampa terrorífica sale a darnos la bienvenida a la montaña. No tenemos fuerzas que perder en presentaciones, intentamos mantenernos encima de la bici en esta subida cuando detrás de una curva nos encontramos no con una rampa, eso es una pared. La subimos y decidimos llamar a los compañeros pues, nos parece extraño raro que no nos esperen o que no los veamos. Pues si, habéis acertado, era el otro camino. Bajamos y nos reunificamos, después veremos que efectivamente el otro camino se unía a este, pero mejor asegurar. Llegamos a la bifurcación por la cual volveremos al bajar, es el punto donde se cierra el círculo sobre el pantano. La confluencia de varios barrancos hará que en época de lluvias sea un punto un tanto peligroso por el enorme caudal que puede bajar de estas empinadísimas laderas. Poco después otro desvío, en principio tomamos el equivocado pero será solo un segundo por lo que no habrá penalización de fuerzas, ese peaje ya está pagado. El asfalto en perfecto estado esconde una trampa que tendremos muy en cuenta a la hora de bajar. La acumulación de finísimas piedrecitas en los laterales de la carretera podría ser un peligro si las pisamos a la velocidad que bajaremos, que decir de intentar frenar sobre ellas. Tomamos nota del apunte y empezamos a sufrir, digo subir. Antes haremos una parada para comernos una barrita que luego agradeceremos.
Nos ponemos en marcha en dirección a Paloalto, bueno, en realidad es “pa lo alto”. En algunos tramos el firme está rayado para mejorar el agarre de los vehículos que pasan por aquí. Este tipo de firme nos da una idea de las terribles rampas que estamos afrontando. Cuando suaviza la pendiente hay tramos sin asfalto, lo de suavizar es más un decir que una realidad. Cada cual a su ritmo afrontamos la subida. El que juega en primera pone un ritmo que nos deja impresionados. Lo vemos alejarse como si él estuviera pedaleando en terreno llano. Los de las categorías inferiores vamos haciendo eses a todo lo ancho del camino para escatimar un poco de desnivel.
Paradas para beber agua, para hacer fotos, para disfrutar del paisaje, para descansar o simplemente porque sí. En una de estas paradas, con unas vistas soberbias sobre el embalse y Guadalest arriba, vemos, mil curvas después y unos 200m. por encima como Carlos mueve las manos en señal de saludo o como preguntándonos si pensamos subir o que. Si que lo pensamos, pero no sabemos cuando. Bueno, lo del paisaje es otro capitulo. Impresionante. Miremos a donde miremos nos quedamos anonadados. Sabemos que las fotos no podrán dar una justa medida de lo que estamos contemplando.
Una foto plana no puede abarcar el inmenso espacio que hay entre nosotros y lo que queremos captar, y, rellenar ese hueco con palabras es una labor en la que ni siquiera entraremos de lo abrumadora que es.
Conforme subimos empezamos a tener visión sobre cumbres y montañas que desde abajo casi ni veíamos o directamente se mantenían ocultas. Nos lanzamos en persecución de Carlos. Estamos a punto de enfrentarnos a las rampas más duras de la subida. Es directamente un muro puesto ante nosotros lo que intentamos subir. El avance se lentifica sobremanera.
Ver pedalear a los compañeros es como ver una película a cámara lenta, desde fuera uno se puede recrear en los movimientos, en la estética, en los gestos de sufrimiento. Desde dentro, nos estamos (piiii) en la madre que (piiii, piiii, piiiiiiiiiiiiiiiiiii), como diríamos si nadie nos oyera, jodida rampa. Llegamos al punto donde estaba Carlos, pero cansado de esperar se ha vuelto a ir para arriba, nosotros casi nos tiramos al suelo para recuperar energías. Luis ha visto entre los arbustos al Tío del Mazo, ya hacía tiempo que no le veíamos y hoy viene cargadito, esperemos que no se ponga a repartir como el cartero, a estas alturas, las piernas ya las tenemos de madera, o sea, que ni sienten ni padecen, pero nosotros si, no aire suficiente para nuestros pulmones. Las vistas aún son más soberbias. Ahora tenemos visión directa sobre el Barranc de la Canal.
Es el barranco que queda en medio de La Serrella, la cresta de la montaña de pronto desaparece en un barranco, al norte y sur de este barranco crecen dos crestas que lo encierran en un valle espectacular, la cara norte más alta que la parte sur, esta última desaparecerá para dejar una salida natural hacia el fondo de la montaña y el embalse.
Mientras contemplamos este espectáculo natural sube un coche, podemos ver las caras de asombro al vernos subir esto en bicicleta, la sensación desde dentro del coche por estas rampas es aún peor que desde la bici, lastima que no compartan un poco del cansancio que solo nosotros sentimos. Un poquito más y otra parada, elige tú el motivo. Así se suceden hasta que intuimos la parte alta de esta montaña.
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Entonces aparece Carlos bajando a toda pastilla. O este está loco o le ha sabido a poco. Nos dice que esos 20metros son los últimos y que si paramos aquí a almorzar, que tiene hambre y ya esta cansado de esperarnos. Ya nos extrañaba tanta voluntad de acompañarnos. Una vez superado “paloalto” sabemos que luego nos queda “toparriba”, pero esa será luego. Decidimos que efectivamente es el mejor sitio para almorzar, ya que en el otro lado de la montaña hay más viento y peores vistas.
Nos acomodamos sobre unas piedras planas con visión directa de al cumbre del Aitana y a la izquierda el Puig Campana. Lastima que el embalse quede oculto por la propia montaña. Las vistas de La Serrella y el barranco son espectaculares. Almorzamos contentos de saber que lo peor ya ha pasado, a partir de ahora alguna que otra subida importante, pero en conjunto, el peor trago ya ha pasado. Reanudamos la marcha para pasar a la otra vertiente de la montaña y al termino municipal de Castell de Castells, el camino es aquí un placido rodar por medio de un denso pinar, algunas rampas traicioneras se cruzaran en el camino que sin proponérselo del todo (jeje) siempre pica hacia arriba. En una de estas subidas vemos la rampa que alguien fuera de su sano juicio puso para subir al Castellet, impresionante.
Nos alegramos de no tener que subirla.
Nos vamos acercando a La Font dels Teixos. Antes podremos admirar al otro lado del valle la cumbre del Cocoll con su caseta de vigilancia a 1048m. de altitud, a sus pies la pista del aeródromo a 920 metros de altitud, con su casi 900m de longitud se deja ver desde lejos este inverosímil campo de aterrizaje.
Más hacia el norte vemos la inconfundible silueta del Montdúver y más a la izquierda la corona del Circ de la Safor, siguiendo el cresterío localizamos el Benicadell y aún más al norte la Serra de les Rabosses, pero eso no será todo, un poco más adelante del camino y mirando al mar, Ibiza nos regalará un pequeño paseo por su relieve, pasearemos nuestra vista por sus costas que sin mayores aspiraciones ya será suficiente por hoy.
Subimos a La Font dels Teixos para encontrarnos con un grupo de senderistas acompañados por José Miguel de Terra Ferma que nos dijo de la existencia de una senda ciclable que bajaba hasta Bolulla por si queríamos cambiar un poco nuestra ruta y darle el aliciente de bajar una buena trialera, le explicamos que a no ser estrictamente imprescindible preferimos no transitar por sendas y trialeras, creemos que cada uno debe ir por donde le toca para no degradar el entorno ni el camino de otros. Ojala los coches y las motos nos respetaran tanto como nosotros intentamos hacerlo con los demás.
Tras despedirnos del grupo, nos quedamos un rato disfrutando del maravilloso entorno, sus paisajes y su sosiego y de la frescura del agua de la fuente. Nos quedaba pues el asalto a la cumbre del Morro Blau, sus 1125m. sería la cúspide de nuestra ruta, no solo por la altitud sino por el entorno despejado y las insuperables vistas que promete.
Llegados al desvío que sube hacia este paraje, no sabemos por donde abordarlo, ya que, el camino se cierra en un anillo alrededor de esta cumbre que, sin embargo, no es el lugar más alto de este lado de la montaña ni por supuesto la cumbre del Aixortá. Finalmente decidimos abordarlo en sentido horario ya que pensamos las subidas serán algo menos exigentes. Error. Primero vamos hacia el mar, luego el camino gira 180º hacia el interior y ahí está el mazazo. Una rampa que nos da la risa, no puede ser que nos quede esta guinda. Además para adornarlo un poco más el camino no esta asfaltado ni nada. Por eso de ser la última rampa la abordamos con más ganas que fuerza y con la venia del firme, que nos concede una pausa, tiramos para arriba, por fin. Un descansillo y otra rampa, si en la primera nos dio la risa ahora nos dan ganas de llorar.
Yo directamente me bajo de la bici y doy por concluida la subida, este tramo lo afrontaré a pie, ya daba por concluida la subida y mentalmente no estaba preparado para esto. Carlos si que va subiendo poco a poco, viéndole subir me imagino lo que es y me afianzo más en mi decisión de subir andando, como no podía ser de otra manera le vemos llegar arriba y levantar los brazos, la cumbre a sucumbido. Luis y Salva lo intentan. Ya están jorobando, me tocará intentarlo también. La potencia de la tracción hace que la rueda patine y no encuentre agarre, en estas circunstancias estas muerto, Luis pone pie a tierra, Salva pasa a mi lado y va avanzando como puede, pasa a Luis y se acerca a la cumbre, dos de dos, yo voy con más resignación que confianza, ya me había bajado y este intento es por no desmerecer, pero ya veo que va a ser que no.
No importa, andando o a lomos de la burra la muesca del sillín no la perdonaremos, faltaría más. Eufóricos por la hazaña juntamos las manos y nos felicitamos por el derroche de fuerza y por la batalla que le hemos presentado a la montaña, incluso ella, vencedora o vencida, nos felicita brindándonos todas sus excelentes panorámicas, nos apresuramos a disfrutarlas. Buscamos acomodo para comer, protegidos del viento y con sol o sombra según preferencias. Después es tiempo de fotos junto al vértice geodésico y con todos los escenarios de fondo.
Al Norte Cullera y su bahía y la Serra de les Rabosses, no llegamos a apreciar la Albufera escondida tras la bruma en la distancia, así que más allá ni pensarlo, la mole de La Calderona no se ve, creo que ni se intuye pero siempre presente en nuestra mente, nos afanamos en querer dibujarla un poquito aunque sea. Mas cerca el Montdúver, y el Circ de la Safor.
Al Este la inconfundible silueta del Montgó, el cabo San Antonio, La Nao. El Penyal d´Ifach y la Serra D´Oltá marcan el final de la columna montañosa en la que nos encontramos, entre ellas y nosotros se alza majestuosamente la Serra de Bérnia, perpendicular a esta encontramos la Serra del Ferrer, y después del valle que baja desde Tárbena hasta Benidorm se encuentra la Serra de Aixortá seguida de La Serrella hacia el Oeste.
Al Sur Aitana lo domina todo, pero el abrupto relieve del Puig Campana unido a su colosal altura, lo hacen el centro de nuestras atónitas miradas. Nos hacemos todas las fotos habidas y por haber.
Solos, en parejas, en trío, en grupo, esto es una orgía paisajística en toda regla y queremos más, tanto que estamos casi saturados, Stendhal también se ha dejado caer hoy por la ruta. Nos disponemos a bajar, no sin antes recordarnos la precaución que tendremos que poner en esta más que presumible brutal bajada. Volvemos parando a cada instante para saborear por última vez este impresionante paraje que nos brinda una visión inigualable de las montañas valencianas, más concretamente de las alicantinas, pero los amantes de la naturaleza y los montes no entendemos de fronteras, desde hoy, y por siempre, serán nuestras montañas. Llegamos nuevamente a la colosal pared que supone la cumbre del Aixortá. Desde el camino, levantamos la cabeza para abarcar los 200m. de verticalidad de este muro pétreo. Tan imponente como avasallador.
Desde aquí abajo nos sentimos tan frágiles ante este coloso que solo nos queda admirarlo con reverencia, casi con veneración. Para colmo la silueta de un senderista en la cumbre nos enfatiza más esta idea. Ponemos el video en marcha y nos lanzamos para abajo.
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Llegamos en un suspiro al cambio de rasante que marca el cambio de vertiente de la montaña. Unas curvas más abajo les grito, ante la superlativa panorámica del embalse, con las aguas coloreadas de verde esmeralda por la luz de la tarde y coronado por el castillo de Guadalest que este marco merece una foto, la velocidad y la pereza de parar hará que esta foto se marque en mi retina y no en la memoria digital, con un poco de suerte la pillaré con el video. Los saltos de los badenes a la velocidad que llevamos nos ponen la mochila en el cogote y los pies fuera de los pedales, por lo que decido calzarme los automáticos y que sea lo que Dios quiera. Ya estamos en el tramo de asfalto y gravilla suelta, ¿ya? Un poco después noto un olor a quemado y ninguno de mis compañeros a estado quemando rueda, pero los discos están que echan humo, a pesar de ser metálicos no me extrañaría que el olor a quemado fuera de los discos. La velocidad que quieren coger las burras es tal que tenemos que estar siempre reteniéndolas y mucho más de la mitad de la bajada la hemos hecho tocando freno, eso da una idea del desnivel que hay. Llegamos al inicio del camino que rodea el embalse por la orilla norte, este es el que cierra el anillo de abajo y por tanto el último trozo de la ruta. La bajada ya se ha acabado, miro el video y veo que lleva once minutos grabados, o sea, que lo que nos costó más de tres horas y media en subir lo hemos bajado en once minutos…. Sin comentarios. La subida tan solo fueron 15km. pero con los brutales porcentajes no es raro lo lento de la subida ni lo rápido de la bajada. A pie de embalse aún nos quedarán algunas paradas fotográficas a fin de inmortalizar el instante.
Últimas pedaladas hasta el remolque para felicitarnos nuevamente por la culminación de muchas horas de planificación y entusiasta espera, así como de muchas horas de trabajo a lomos de las bicicletas. Llegamos hasta el coche con la sensación de preguntarnos que ha pasado aquí pues, el parking que dejamos desierto es ahora, y debido al barco turístico por el embalse, un hervidero de coches y gente. De hecho, el coche y remolque lo tenemos semi-bloqueado, afortunadamente, el tiempo que nos queda de cargar las bicis, hacer los estiramientos y demás, nos permitirá hacer tiempo mientras algunos de los coches se marchan tras la excursión y podemos salir. Un hidroavión hace un vuelo rasante sobre el pantano, solo lo veremos ascender pero no es un buen presagio. Ya de camino al hotel, comentaremos las anécdotas de la ruta como siempre con una sonrisa de satisfacción y deseosos de hacer participes, junto a una buena cerveza, a las chicas, que nos esperan en el hotel.
Llegar y empezar a avasallarlas con el relato de la aventura, mientras damos cuenta de una hidratante cerveza, será todo una. Uno más que otros intenta hacer tiempo para no pensar en lo que se está perdiendo. Cuando fijamos esta fecha para la ruta, pensamos en el fin de semana largo que nos permitiría ir con más tranquilidad y disfrutar más, no pensamos en que este sábado se jugaba el Madrid-Barça y que del resultado dependía mucho el resultado de la liga, como decíamos al principio, bien está lo que bien acaba. Después de esta nueva alegría, más o menos como ayer, cena, charla, chupitos y a dormir que estamos desechos.


Domingo 03 de Mayo

El pedazo de desayuno que nos sirve Ana, y la sempiterna sonrisa de Francisco, serán el último regalo que nos llevamos del Hotel Tárbena, que por dos días ha sido nuestra casa. El problema de que hacer con las bicis y el remolque mientras disfrutábamos de la mañana del domingo, nos planteaba un pequeño gran dilema. Lo solventamos con una idea sobre la marcha.
Volvimos al restaurante del Coll de Rates con sus inmejorables vistas, reservamos mesa para comer e hicimos una excursión senderista. Excepto Teba, que por sus problemas de las piernas no estaba para muchos trotes. Ella se quedó de guardia en el coche disfrutando de la lectura, y facilitándonos a los demás una excursión exquisita. Nos encaminamos pues, a lo alto de la Serra del Carrascal de Parcent.
La subida es de las que hacen afición, pero nosotros no la mirábamos con objetividad; el biker que llevamos dentro estaba “poniéndose burro” por lo tentador de este reto. Pero lo que de verdad estábamos deseando con ansia era marcarnos aquella bajada a lomos de las burras. Que gozada debe de ser. El gran porcentaje de subida sostenido a lo largo de un par largo de Km. haría de aquello un reto formidable pero, la bajada, no podíamos quitárnosla de la cabeza.
En fin, centrémonos en el paisaje. Poco a poco, o no tanto, íbamos ganando altura, por lo que las espectaculares vistas iban ganando grandiosidad exponencialmente. La montaña vestida de gala para acogernos, un despliegue floral y aromático tan cautivador como rebosante, color, fragancia y vida por doquier.
La fauna tampoco se queda atrás, un huidizo fardacho nos observa entre el rocaje y se escabulle ante el menor acercamiento, pajarillos sobrevolándonos y cantando su reclamo y, cuervos en bandadas numerosísimas que por fortuna estaban lejos de nosotros, pero el susto fue ser sobrevolados por un enjambre de abejas que de pronto oscurecieron el cielo, lo que al principio fueron unas cuantas cruzando el camino por encima de nosotros, se convirtió, sin darnos tiempo a preverlo, en un enjambre enfervorizado, afortunadamente estaban más pendientes en sus cosas que en los intrusos que se metieron en medio de aquel monumental zumbido. Muchas paradas fotográficas para admirar el paisaje que se iba pareciendo sospechosamente al que habíamos disfrutado los ciclistas el día anterior. Mejor, doble disfrute y, de paso, les contábamos con pelos y señales lo que vimos a las chicas. Ya no tenían que esperar a ver las fotos, porque el sábado cayeron como doscientas y pico, hoy no se quedaría muy atrás, además hoy éramos dos los que íbamos armados con cámaras. Las mismas montañas, las mismas, bueno casi, metro arriba o abajo, fotografiadas hasta la saciedad, con eso de “luego borro las que no me gusten”, ja.

Llegamos arriba, a la caseta de vigilancia forestal, antes abordamos otra pared casi vertical, esto se parece demasiado a lo de ayer, demasiados “deja vu”, los chicos subimos mientras discutimos si esta burrada es o no ciclable, si podríamos subirla, si no, si la de ayer se parecía, si la de ayer con asfalto la hubiéramos subido todos, si no, si si, si….No sé como no nos mandan a… tomar viento las pobres chicas, que cansinos somos. Pero por otro lado, este es el fin de semana biker, sin esta bendita-loca afición-enfermedad no estarían siendo posibles estos fines de semana. Lo daremos entonces por bueno.
Junto a la caseta surge un sendero que nos lleva a otro vértice geodésico y a lo alto de la montaña. No volveremos a enumerar las montañas pues las vistas, aunque un poco más al Noreste que ayer, son casi calcadas. Incluso Ibiza se deja ver otra vez. Y como no, otra nueva polémica, ¿se ve solo Ibiza o también Formentera? ¿o es Ibiza y Mallorca? Según la recreación en Google Earth de las referencias que tomamos, entre la penya Talai y el golfo de Xábia se trataba de Ibiza y Formentera, aunque quien nos dice que las ganas de ver no fueran mayores que lo que se veía.
La borrachera fotográfica aquí arriba no tiene precedentes. Después se quemar carrete y hasta objetivo si me apuras, emprendemos el descenso. Rápido como no podía ser de otra manera, mentalmente estamos haciendo la trazada en bicicleta, seguro que se nos nota pues, a veces incluso hacemos el gesto de coger el manillar y hasta incluso inclinamos el cuerpo.

Lo del parking de ayer en el embalse es un juego de niños comparado con el tumulto de aquí. Una concentración de Harley Davidson nos espera a nuestra llegada.
Están a punto de marcharse, con lo que el frenesí de gente y motos arriba y abajo es mareante, pero cuando empiezan a rugir… ese sonido es único. Los imposibles cromados rivalizan con los atuendos, con los complementos, con la estética y la parafernalia. Teba nos cuenta la entrada triunfal que han hecho al llegar al parking, la salida la vemos en directo, por lo que nos hacemos la idea. Y nosotros que pensábamos, con nuestras burricas cargadas en el remolque, que seríamos el centro de atención. Mientras comentamos todo esto llegamos al restaurante y casi antes de sentarnos ya estamos dando sepultura a la primera cerveza. Es lo que tiene la caló. La estupenda comida, el coqueto restaurante, junto con el buen servicio, nos deja un inmejorable sabor de boca como colofón y cierre de este 2º fin de semana biker. Ya apunto de salir, la monumental penya Talai con su casi 800m. de altitud, nos brindará la última foto de este fantástico puente.
Ahora solo toca volver sin incidentes a casa y sentarse a escribir esta crónica. A buen seguro que en los años venideros la releeremos más de una vez y, esperemos, que con una sonrisa en la boca y una cerveza en la mano.




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